Las encuestas proyectaron un Parlamento muy fragmentado y el mercado respondió con volatilidad. Este era el escenario británico antes de las elecciones del pasado 7 de mayo. Sin embargo, ocurrió lo que casi nadie apuntó: los Conservadores consiguieron la mayoría absoluta y todos los miedos se borraron en un día. Como siempre hacen los mercados, a temor muerto, temor puesto: tocaba buscar otro foco de incertidumbre para que los inversores volviesen a calcular la ecuación de rentabilidades y riesgos potenciales.

No necesitaron mucho tiempo, al lunes siguiente (el 11 de mayo) se reunía el Banco de Inglaterra (BoE) con la mente puesta en el crecimiento y, sobretodo, en las expectativas de inflación. ¡Eureka! El nuevo miedo sería la primera subida de tipos del país. La entidad se ha pasado 74 reuniones consecutivas sin mover el precio oficial del dinero del mínimo histórico del 0,5%, pero este escenario puede cambiar en los próximos trimestres. Estas son las claves con las que hay que analizar el mercado británico a partir de ahora con la normalización de la política monetaria en el horizonte.

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