La cartera permanente es una teoría de construcción de carteras diseñada por el escritor, político y analista de mercados Harry Browne en los años ochenta. Browne ideó la cartera permanente argumentando que sería una cartera segura y rentable en cualquier clima económico. Afirmaba que una cartera compuesta a partes iguales por una amplia cesta de acciones, metales preciosos, bonos del gobierno y bonos del tesoro, reequilibrada anualmente, resultaría ideal para inversores que buscaran seguridad y crecimiento. No se equivocaba.

La base de la cartera permanente consiste en seleccionar activos que tienden a funcionar especialmente bien en cada una de las posibles condiciones de mercado que nos podemos encontrar:

  • Prosperidad: Acciones.
  • Recesión: Dinero/Renta Fija Corto Plazo.
  • Inflación: Oro.
  • Deflación: Renta Fija de Largo Plazo.

Harry Browne intuía que esta combinación de activos tenía potencial para ser rentable en todo tipo de situaciones económicas: las acciones prosperan en mercados expansivos, los metales preciosos en mercados inflacionarios, los bonos en recesiones y los bonos del Tesoro durante las depresiones. La otra cara de esta misma moneda era -y sigue siendo- que probablemente también habría siempre parte de la cartera pasando problemas.

Sin embargo, Browne gustaba de explicar cómo, aún y así, la cartera permanente era capaz de proteger nuestro dinero de esas turbulencias del mercado. Al estar compuesta por una selección de activos muy diferentes entre ellos -poco correlacionados entre sí- es como si la cartera permanente tuviese cortafuegos entre ellos. Los incendios que se inician en una parte de ella no se trasladan al resto.

Cuando la inversión en oro/acciones/bonos está funcionando terriblemente mal, el daño suele centrarse solo en esa parte de la cartera. Al seleccionarse los activos en base a condiciones económicas, cuando uno de ellos sufre generalmente hay otro pasando por su momento dulce capaz de cubrir sus pérdidas. El reajuste periódico de la cartera, de vuelta a sus porcentajes originales, supone cierta exposición sistemática a comprar barato y vender caro; lo que añade la posibilidad de obtener algo de rentabilidad extra en mercados volátiles y laterales.

La cartera permanente no atiende a perspectivas de mercado y no trata de predecir el futuro a corto plazo. Su objetivo es proteger y hacer crecer el patrimonio sea cual sea el escenario que este nos depare. 

De acuerdo con sus creencias, Browne finalmente creó un fondo, el Permanent Portfolio Fund, con una combinación de activos similar a su portafolio teórico en 1982. Durante un período de 25 años, el fondo promedió un rendimiento anual de 6.38%, perdiendo dinero solo tres veces, y superando incluso al S&P 500 en los años inmediatamente posteriores al colapso de las puntocom.

Desde que fuera ideada por Browne en 1982, esta estrategia simple y elegante ha permitido a quienes han confiado en ella obtener crecimiento moderado y seguridad. Cierto es que durante la década de los noventa y más recientemente tras la crisis financiera global ha obtenido rentabilidades muy inferiores a los mercados de valores, lo que de seguro ha tentado a más de un inversor a cambiar de estrategia. Durante los años noventa, por ejemplo, mientras las acciones se apreciaban entre un 20% y un 30% anual, la cartera permanente subía poco más del 1% cada año. A día de hoy, muchos inversores -entre los que me incluyo- opinan que la cartera permanente subestima el potencial del crecimiento de acciones (y bonos) a largo plazo. Tampoco tiene en cuenta que históricamente los periodos de crecimiento con inflación moderada han sido el escenario económico más común. Aún y así, la cartera permanente sigue siendo una solución más que adecuada para inversores defensivos que no quieran complicarse la vida.

En mi opinión la gran aportación de Browne fue introducir lo que posteriormente otros investigadores han llamado diversificación estructural, aquella basada en combinar activos que funcionan mejor en diferentes climas económicos.

Tanto antes como después de proponer la cartera permanente, diferentes combinaciones de activos basadas en este principio han permitido obtener consistentemente buenos resultados, independientemente de lo que ocurriera en los mercados.

Este tipo de diversificación pasa necesariamente por asignaciones de activos diferentes a la típica cartera más o menos variada de renta variable y renta fija. Por lo general suelen estar más centradas en activos reales. Por ejemplo, en River Patrimonio FI -el fondo de inversión que gestiono-, invierto en una combinación de renta variable global, renta fija de largo plazo y máxima calidad crediticia, mercado inmobiliario global, materias primas (principalmente oro) y cash.

Nuestro modelo se desvía a partir de ahí de los principios de la cartera permanente introduciendo más ejes de diversificación, pero es innegable que bebe directamente de la fuente del trabajo de Browne. El resultado final es una cartera robusta, que ha demostrado ser capaz de mejorar a largo plazo la rentabilidad de los benchmarks de su categoría, reduciendo a su vez notablemente tanto la volatilidad como sus periodos de pérdidas máximas o drawdowns.

A aquellos que quieran aprender más sobre la cartera permanente les recomiendo:

"The Permanent Portfolio: Harry Browne's Long-Term Investment Strategy" por Craig Rowland y J. M. Lawson.

Y el excelente -aunque algo abandonado- blog carterapermanente.es
 

Rafael Ortega

Gestor de River Patrimonio FI