Vivimos una época en la que para muchos, llegar a final de mes es complicado. Para otros no tanto, sin embargo, acabar el mes con sobrante en la cuenta… es otra historia. Aquellos afortunados que sí son capaces de no gastar todo, el problema llega en cómo gestionar ese ahorro, a qué destinarlo. Normalmente se opta por dejar ese remanente en la cuenta corriente o de ahorro, o lo que es lo mismo, se opta por no dar rentabilidad a nuestro ahorro. Nos encontramos ante una falta enorme de educación financiera.

Para ahorrar, hace falta un esfuerzo y no solamente económico. Un buen ahorro no consiste únicamente en ahorrar dinero, sino en darlo una finalidad. No se trata solo de ahorrar para dejarlo en nuestra cuenta bancaria y ya. Al otorgar una finalidad, podemos definir el plazo de nuestra inversión: se trata de hacer, aunque sea, una mínima planificación.

Planificar nuestro ahorro consiste en entender cuál es el producto que nos conviene en cada momento, o lo que es lo mismo, conocer nuestro perfil de riesgo. Tras ello, hay que buscar un producto que en términos de rentabilidad y costes sea eficiente.

Solemos oír que el perfil de riesgo va ligado a la edad, pero en realidad a lo que va ligado es al horizonte temporal de la inversión, además de a diferentes circunstancias personales. Es clave plantearte cuáles van a ser tus necesidades en el corto, en el medio y en el largo plazo. Disponer de un plan de pensiones y un fondo de inversión, no solo es compatible, sino que es algo complementario que puede ayudarte para diversificar tus inversiones.

Disponer de un horizonte temporal largo nuestra inversión, nos permite asumir un cierto nivel de riesgo. Es precisamente ese nivel de riesgo el que nos va a compensar. Sin riesgo no hay rentabilidad, por ello, debemos verlo como la materia prima para generar beneficios. La rentabilidad y el riesgo son dos caras de la misma moneda. Sin embargo, la rentabilidad la vemos todos los años, todos los meses o incluso todos los días… mientras que el riesgo solo lo vemos cuando se materializa.

Asumir mayor riesgo del que realmente estamos dispuestos a soportar, puede suponer que tomemos decisiones equivocadas en el momento menos oportuno, como puede ser el salir de un producto cuando la rentabilidad va mal. Para ello, estar cómodos con el producto en el que invertimos es clave, de lo contrario, es mejor asumir menos riesgo.

A la hora de escoger un producto, conviene siempre comparar en términos de rentabilidad ajustada a riesgo. Además, explorar no solamente los últimos 2 o 3 años del producto, sino qué ha sucedido en periodos más largos en los que se ha enfrentado a distintos entornos de  mercado. Con frecuencia podemos encontrar en el mercado, productos que tienen rentabilidades magnificas en ciertos periodos de tiempo pero que cuando el ciclo se acaba, sus rentabilidades son tremendamente malas.

En Fonditel, somos una gestora patrimonialista, con un enfoque claro en la preservación del capital. Por ello, consideramos clave saber gestionar el riesgo, incluso más que la rentabilidad: saber planificar en cada momento cuánto riesgo queremos asumir.

 

 

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