En la última década hemos asistido a una reducción de la inflación en las economías desarrolladas explicadas por varios factores. En el lado de la demanda, la recesión posterior a la crisis financiera ha llevado a unos niveles de crecimiento del consumo privado más reducidos, dado el deterioro de mercado laboral y la ausencia de crecimiento de salarios. Por el lado de la oferta, la globalización, los excesos de capacidad y unos precios de la energía más bajos han explicado un entorno de precios más bajos.

La inflación esperada depende, por tanto, de la percepción de los agentes económicos de todos estos factores a futuro. Pero también es importante tener en cuenta el objetivo de inflación de los bancos centrales (FED y BCE buscan unos niveles a medio plazo cercanos al 2%). La introducción de estímulos monetarios en pos de ese objetivo es una variable clave a la hora de calibrar la inflación esperada.

En la actualidad, en la zona 2 años EEUU hemos llegado a niveles de 1,34% en términos de inflación esperada tras haberse movido en el entorno de 0,40% durante los meses posteriores a agosto de 2015. En Europa, los niveles son cercanos al 0,28% tras tocar a final de febrero niveles de -0,20%. En los plazos más largos (10 años) las expectativas en Europa se encuentran en 0,91% frente a una media histórica de 1,40% y en el caso americano, las expectativas están en la zona de 1,50% contra una media histórica cercana al 2%.

 

Desde Imantia, creemos que la inversión en bonos ligados de inflación tiene sentido en carteras de renta fija como elemento diversificador siempre que la visión sea de un repunte de las expectativas de inflación superior al repunte previsto de tipos reales. En este sentido, teniendo en cuenta el objetivo de los bancos centrales, la tesis de inversión tiene validez mientras el mercado otorgue credibilidad a sus decisiones.

Dentro de carteras globales, la compra de bonos ligados a inflación encaja dentro de un “trade” de normalización de la percepción de ciclo y dentro de una estrategia de diversificación, donde la renta fija de gobiernos puede originar pérdidas por el componente de tipo real.

Por todos estos motivos, a principios de marzo adquirimos bonos ligados a inflación europea de 2019 y 2024 habiendo cerrado ya las posiciones tras la fuerte recuperación de las expectativas en la antesala de la reunión del BCE del pasado 10 de marzo.

En el tramo largo americano, a pesar de encontrarnos por debajo de su media histórica, creemos que dada la elevada volatilidad del mercado, volveremos a ver niveles de extrema sobreventa al calor de dudas cíclicas (tales como los vistos la primera semana de febrero donde llegamos a 1,20%) que aprovecharíamos para tomar posición.