La deuda financiera europea, y la española especialmente, ha estado los últimos días en boca de todos debido a dos eventos concretos. Por un lado, se han conocido los resultados de los test de stress realizados por la EBA a los principales bancos europeos, y a nivel local, se ha añadido el impacto de la controvertida sentencia del Tribunal Supremo, que cambiaba la titularidad del sujeto pasivo del impuesto de Actos Jurídicos Documentados. Este último hecho ha venido para introducir más presión sobre los diferenciales de deuda financiera española en todas sus categorías.

Además, como podemos apreciar en el gráfico, este segmento del crédito es el que peor comportamiento relativo ha tenido a lo largo del ejercicio si lo comparamos con otros instrumentos de renta fija, como la deuda corporativa o la deuda soberana, excluyendo el comportamiento de Italia.

 

                                                                           Crédito financiero vs corporate en 2018

  Mientras que la deuda corporativa ha sufrido un incremento de diferenciales del 17%, los de la deuda financiera senior y subordinada lo han hecho un 48% y 37% respectivamente, lo que sorprende en un ejercicio en el que empiezan a insinuarse movimientos de mercado que favorecen al sistema financiero como asset class, como el giro de tipos de interés al alza o la estabilidad prevista dentro de un crecimiento económico modesto.

Hoy intentaré analizar el porqué de este comportamiento relativo y, sobre todo, mis previsiones para 2019.

Volumen: En 2018, mientras que el BCE ha mantenido su programa de compra de activos de renta fija corporativa, las entidades financieras han tenido que realizar un notable esfuerzo de emisión para así llenar los buffers de la solvencia que el regulador le exige. En 2019, tendremos a un BCE retirando su programa de compras y a un sistema financiero con menores necesidades de emisión, por la anticipación que han realizado en el presente ejercicio y por la importante eliminación de activos dudosos de los balances bancarios, que exigen menores volúmenes de capital. Ni qué decir tiene que la liquidez seguirá sin ser un problema, ya que el BCE continuará aportando la que sea necesaria.

Tipos: El BCE nos anticipa ya un movimiento de tipos para el próximo año, lo que redunda en la expectativa de alimentar el margen de intereses de las entidades financieras.

Razones técnicas: Los precios. Los movimientos de diferenciales de este año nos dejan unos niveles de inversión muy parejos a la deuda corporativa, y notablemente por encima, si hablamos de deuda financiera española.

Solvencia:  La EBA acaba de valorar que, incluso en un escenario adverso para 2020 de fuerte caída de PIB real -que nadie contempla-, el conjunto del sistema cumpliría sobradamente con los mínimos regulatorios.

Por lo tanto, vemos oportunidad en seguir apostando, incluso redoblando la apuesta, por esta tipología de activos, y si llevan nombre español, mejor.