La última semana de enero ha venido marcada por un hecho primordial para los mercados: la reunión de la FED. Ayer, la Reserva Federal, que finalizó 2018 con la séptima subida de tipos en tan sólo dos años, dio un giro de 360 grados en su mensaje.

Así, se cumplía el guion previsto. La institución pisó el freno para hablar de una pausa en el calendario de incrementos de tipos, hecho que ya sucedió en los años 90. Explicó que no existe prisa para seguir ajustando al alza el precio del dinero y deja los tipos de interés en su rango objetivo de entre el 2,25% y el 2,50%, al mismo nivel de marzo de 2008.

Esta comunicación más “dovish” por parte de la FED provoca un cambio de sentimiento en el mercado, que venía de ser protagonista de emociones fuertes, sobre todo en el último trimestre del 2018.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, señaló que: “El argumento para seguir con el ajuste monetario se ha debilitado. El sentido común nos recomienda paciencia”. De este modo, desde la Reserva Federal subrayaron que las decisiones del 2019 estarán basadas mayoritariamente en los hechos y datos recientes: En vista de los desarrollos de la economía y las finanzas globales, así como de las débiles presiones inflacionistas, el FOMC será paciente a medida que determina qué ajustes futuros del rango objetivo de los tipos de interés son apropiados”.

Desde Imantia, esperábamos subidas graduales por parte de una Reserva Federal que debía mostrarse progresivamente más sensible ante las turbulencias financieras y el entorno económico global.

De esta forma, el discurso de Powell nos ha sorprendido por ser más “dovish” de lo esperado. La FED pone en cuestión esas subidas moderadas de las que habló en diciembre, pudiendo incluso no tener la necesidad de tocar los tipos de interés en todo el año. Parece que se encuentran más sensibles al entorno global, de modo que entendemos que el riesgo de error de la política monetaria se ha mitigado, hecho que debería favorecer a los activos de riesgo.

¿Será 2019 un año de estabilidad de tipos?