Decía hoy Mario Draghi en su comparecencia que los mercados deben acostumbrarse a una mayor volatilidad. Una volatilidad que ya estamos viviendo, basta ver la evolucion del futuro sobre bono aleman a 10 años (bund) que ha pasado en 2 sesiones del 155.25 al 150.95. Se trata de un mensaje que desde hace tiempo venimos repitiendo   y que se explican por una serie de factores clave.

Por un lado, la retirada de escena de los grandes compradores de activos como son -y han sido- los bancos centrales debe llevar a un mercado donde los fundamentos marquen la evolución de los activos, abandonada ya la “anestesia” de esas políticas monetarias expansivas.

Por otro lado, y derivado de la creciente presión regulatoria sobre las entidades financieras, los bancos cada vez tendrán menor capacidad de acumular carteras de bonos y acciones en sus balances, de modo que el peso relativo de clientes finales (fondos de inversión, pensiones, bancas privadas) irá en aumento.

Si a esto le añadimos el preocupante incremento del consenso sobre el posicionamiento global (en roman paladino, da la sensación de que cada vez más gente juega a lo mismo), podemos explicar la sensación de mayor sensibilidad (volatilidad) de las cotizaciones ante cualquier noticia.

Un incremento de la volatilidad que se ha centrado sobre todo en divisas y renta fija soberana, y que da muestras de lo que los anglosajones llaman “air pockets” en la liquidez, esto es, no es necesario ver muchos cruces para ver un repunte significativo en las rentabilidades de las curvas periféricas europeas.

La gestión activa en este entorno es crítica, así como identificar cuáles serán los datos/noticias de mayor impacto. En este sentido, y con permiso de Draghi, los datos de inflación y salarios y en general aquellos que forman parte de la función de reacción de los bancos centrales serán determinantes para asistir a nuevos episodios de volatilidad.