La segunda parte del mes de octubre ha venido cargada de noticias positivas. Por un lado presentábamos en sociedad nuestra nueva identidad corporativa, Imantia Capital, y, por otro, el mercado nos ha dado cierto respiro en términos de rentabilidad de los activos de riesgo. Así, los índices bursátiles presentan ya cifras positivas en el acumulado del año.

El consenso de mercado decía que después de digerir el hecho de que China crecerá menos, la renta variable prestaría su atención a la publicación de resultados empresariales. Choca, por tanto, la tendencia alcista de los principales índices con unos datos de caída de ventas superior al 3% y caídas de beneficios en las 211 empresas del SP500 que ya han publicado. Por no hablar de la renovada debilidad de materias primas y divisas emergentes…

Una vez más, la explicación de fondo está en la acción de los bancos centrales con BCE y China anunciando medidas expansivas y una Reserva Federal menos tensionadora. Sin inflación a la vista como excusa perfecta para seguir ampliando balance (o no restringiéndolo), nadie quiere que su moneda se aprecie perjudicando su sector exterior, máxime si hay dudas sobre la fortaleza de la demanda interna.

Este entorno económico de menor crecimiento global (cercano al 3%) y de escasas presiones inflacionistas nos lleva a un mundo tremendamente complicado para el gestor de activos y para el vendedor de esta gestión. Un reto en el que las rentabilidades esperadas en renta fija y renta variable serán menores que las vistas en el pasado y precisamente por ello, con menor colchón para capear los episodios de volatilidad (Grecia, China…) que seguirán apareciendo.

Es tiempo para la gestión activa y es tiempo para una mayor transparencia sobre las decisiones de cartera con nuestros clientes. Más que nunca en la historia, hay que asumir riesgos para obtener rentabilidades, de modo que perfilar a los clientes se hace absolutamente necesario.