Un artículo de Rafael López de Novales. 

Le he dado muchas vueltas a qué titulo utilizar. Tras dos semanas de vacaciones, me ha sorprendido ver a los banqueros centrales en una carrera para ver quien tiene una política monetaria más laxa.

Como dice un compañero: “Ellos tienen centenas de economistas y algo habrán visto”. Pero lo cierto es que, tras más de una década de tipos de interés muy bajos y compra masiva de bonos, los objetivos del BCE están muy lejos de alcanzarse.

Se me ocurrió también utilizar la definición de locura de Einstein: “Hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Pero me di cuenta de que esa cita se le atribuye erróneamente.

Al final, he preferido referirme a Draghi como previo homenaje, antes de que nos deje en el mes de octubre. Sería una temeridad por mi parte, afirmar su locura. Es más sensato seguir buscando el verdadero motivo del cambio en su discurso.

El crecimiento mundial lleva años moderándose; el comercio internacional se frena. Cuando no hay crecimiento, las empresas compiten mejorando su producto o bajando precio. Eso es deflacionista. Esto se acentúa porque hay acceso al capital muy barato y no hay presión al alza en los salarios.

Los países también compiten. Bajando impuestos a sus empresas o poniendo trabas a sus importaciones. Esto último es inflacionista. Los consumidores pagan un sobreprecio por los productos fabricados en sus países, o soportan aranceles sobre los importados.

¿Qué hacen los países exportadores cuando les suben los aranceles? Volverse más competitivos (lo que es difícil en el corto plazo), o devaluar sus monedas.

Y eso es lo que están haciendo la mayoría de los países, salvo China que tiene aspiraciones a que su moneda sirva de reserva mundial.

Simplificando la ecuación, en un lado está Estados Unidos, importador, y en el otro Europa y China.

Han bajado tipos Australia, India, Nueva Zelanda. Mientras tanto, China ha reducido su coeficiente de reserva. Amenazan con bajadas la FED y el BCE en sus reuniones de final de julio y, nos ofrecen un nirvana de tipos más bajos aún.

Otro motivo para el giro en la política monetaria podría responder al dicho de que: “La mejor defensa es un buen ataque”. Para eliminar las dudas sobre la marcha económica, que el año pasado provocó una fuerte corrección en las bolsas y en el crédito.

Todos sabemos que la incertidumbre es enemigo del ciclo económico, paraliza la confianza de los agentes económicos, la inversión y el consumo.

Para ver la reacción de los mercados a el cambio de sesgo de la FED, es interesante ver el siguiente gráfico:

La línea roja sería los tipos de interés que el mercado de bonos descuenta a futuro. La azul oscura es el tipo de interés actual. Y la azul clara es cómo ve la FED sus tipos de interés a futuro.

La divergencia es enorme, casi un 0,8%. ¿Y por qué esta diferencia? Probablemente, es porque este giro en la política monetaria ha pillado a todo el mundo por sorpresa. Hemos cambiado nuestras inversiones al mismo tiempo “estrangulando” a los mercados, que han sobre reaccionado.

Se pueden encontrar muchas explicaciones a lo sucedido y si los bancos centrales están en lo correcto. Es un hecho indudable, que los tipos de interés han bajado fuertemente y que los diferenciales de crédito se han estrechado.

Tipos muy bajos, y si visos a cambiar, bancos centrales apoyando, divisas más débiles e inflación contenida, son ingredientes básicos para que los mercados de renta variable sigan al alza.

Empezamos la temporada de publicación de resultados y los inversores están prudentes. Temen que las compañías de los sectores más cíclicos y expuestos al comercio global puedan defraudar. En sectores como autos, químicas o semiconductores no sería de extrañar que hubiera alguna sorpresa negativa.

Mirando más allá, soplan vientos de cola para la renta variable. En Imantia seguimos pensando que el ciclo económico se empezará a recuperar del bache de los últimos trimestres, y que eso se reflejará en las compañías. Seguimos siendo positivos en renta variable y cautos en duración.

Este año las bolsas han subido mucho, pero si lo consideramos junto a la caída del último semestre de 2018, lo que ha hecho es recuperar el nivel en el que comenzó la corrección.

Para alcanzar nuevas cotas, sobre todo en Europa, se necesita que se disipen las dudas sobre los beneficios empresariales y que se rebaje definitivamente el tono de la guerra comercial porque el resto de las semillas están plantadas.