Sergio Ríos, gestor de fondos de fondos de Imantia Capital, reflexiona sobre si se está produciendo un estancamiento secular de la economía o estamos ante una nueva economía.

 

No es mi intención ni mucho menos desarrollar en profundidad un tema como el del estancamiento secular, sobre el que han tratado los grandes economistas o premios nobel como J. Bradford Delong, Larry Summers o Paul Kraugman. Esto es más una reflexión a futuro sobre si realmente se cumplirán las predicciones de los economistas con respecto a un cambio económico de paralización de los factores tradicionales que han movido la economía o, por el contrario, estamos ante nuevas tendencias de la economía global, que se encuentran en pleno proceso de cambio.

El estancamiento secular se define a grandes rasgos como  un periodo duradero de depresión económica producida principalmente por fuertes caídas de la productividad y factores demográficos, como el envejecimiento poblacional, además de déficits comerciales crónicos y un ahorro masivo tras periodos de endeudamiento por parte de empresas y familias o el desempleo. Factores todos ellos comunes y extendidos desde el comienzo de la crisis en economías desarrolladas como Europa, Japón o EEUU.

Por otro lado, hay otras corrientes que consideran que la productividad llegará y que, al igual que ha sucedido a lo largo de la historia, será con un nuevo boom que, en este caso todo parece indicar que será con un expansión tecnológica. ¿Robótica, comercio digital? Aún estamos a tiempo de descubrirlo. Si bien la revolución tecnológica, de la que ya tenemos algo de experiencia, nos dice que tiende a sustituir el factor humano por el tecnológico y que provoca desempleo estable, hay que recordar que el 90% de los puestos de trabajo actuales no existían hace un siglo.

También ha cambiado y seguirá cambiando el rol de los países emergentes y su papel en la economía global, donde e l margen de evolución es mayor, y sólo hay que hacer el ejercicio de revisar las proyecciones demográficas para los próximos 25 años para darse cuenta de hacia dónde se van a redirigir las relaciones comerciales.

La reflexión queda abierta, pero, sin duda, es un tema apasionante del que tendremos oportunidad de participar y observar cuál es el resultado.