Un artículo de Rafael López de Novales.

Nos acercamos a la mitad de año y la sensación en los inversores es extraña. Las rentabilidades son magníficas. Es difícil ver algún activo con pérdidas, pero no existe sensación alguna de satisfacción.

Al considerar la evolución de los mercados en frecuencia anual, perdemos la perspectiva. Lo que está sucediendo no se entiende bien sin considerar lo que pasó en la segunda mitad del año anterior.

Hay indicadores preocupantes que suelen traer malos presagios. ¿Están los mercados de bonos, con la curva plana, descontando recesión?

La pendiente de la curva de bonos es un indicador que ha funcionado bien como predictor de anteriores recesiones, pero… ¿tiene validez estadística? ¿Es infalible?

Es verdad que ha sido precursor de muchas recesiones, pero no es estadísticamente significativo y las circunstancias actuales son muy diferentes a las anteriores.

Los bancos centrales lo controlan todo y puede que las cotizaciones, más que responder a factores fundamentales, sean producto de factores técnicos y de flujos.

El cambio de sesgo de la FED y del BCE ha pillado a todos por sorpresa, provocando fuertes movimientos de capitales. Es difícil poder inferir si los precios nos están diciendo algo, porque el ruido político es elevado.

Sin duda apuntan a que el crecimiento e inflación van a ser moderados, pero no tenemos certeza de que estemos a las puertas de una recesión. No es el momento de meterse en un bunker para sobrevivir al fin del mundo.

Cuando todo el mundo tiene la misma información y la interpretan de la misma manera, los inversores se sincronizan, provocando fuertes movimientos a un lado u otro. Lo vimos el año pasado con caídas fuertes, y este año, con la recuperación.

El mercado ha perdido la heterogeneidad. No hay discrepancia entre los agentes económicos y por eso se producen estos movimientos tan violentos.

Es lo que tiene Twitter. Los tiempos han cambiado. Antes un político no hacía declaraciones a no ser que tuviese algo relevante que decir. Ahora, los bancos centrales y los políticos les dicen a los inversores lo que tienen que hacer. Que no se preocupen, que aquí están ellos para cubrirles las espaldas.

Habiendo corregido los mercados desde máximos, y con el desempleo en mínimos, la FED ha salido a la carrera para anunciar que recortará tipos en cuanto sea necesario.

Cuando a un niño se le educa en un ambiente de máxima seguridad, protegiéndole de cualquier peligro potencial, se vuelve frágil y débil. 

Lo mismo está sucediendo con los mercados. En cuanto hay la más mínima corrección, los banqueros centrales salen al rescate. Los inversores se han acostumbrado a este régimen, bajando su tolerancia a lo inconfortable y a la volatilidad. Los bancos centrales reducen el riesgo cíclico, pero incrementan el riesgo estructural.

Por otro lado, Trump está enviando un mensaje al resto del mundo de que no es un socio fiable. Está dispuesto abrir múltiples conflictos con tal de lograr sus objetivos económicos y políticos.

¿Quién es el perdedor de la guerra comercial? Las exportaciones chinas se concentran en productos con bajo o medio desarrollo tecnológico, por lo que su demanda es sensible al precio y pueden ser sustituidos por sus competidores.

Esos posibles beneficiarios se encuentran en Vietnam, Taiwán, Tailandia y México. Los beneficiarios de las represalias chinas serían los países productores de cereales y de muebles.

¿Qué podría hacer cambiar la postura de Trump? Probablemente, una caída significativa de la renta variable o una erosión en su base política de apoyo.

Si llegados a ese punto viéramos respuestas políticas agresivas, acuerdos comerciales duraderos y datos macro más alentadores, la renta variable presentaría una buena oportunidad de inversión.

James Grant dijo: “Los humanos comemos, dormimos y extrapolamos”. Lo que prevemos no es más que lo que hemos visto de manera reciente y, normalmente, suele funcionar a corto plazo.

Por eso, el consenso piensa que los tipos de interés bajos están aquí para siempre. Tipos bajos son un gran soporte e impulso a la economía y, sobre todo, hace que otros activos como la renta variable o la deuda emergente ofrezcan un atractivo valor relativo.

En Imantia pensamos que un entorno de tipos bajos y liquidez, auspiciada por los bancos centrales, es una buena situación para que los activos de riesgo sigan comportándose bien.  No pensamos que la guerra comercial entre EE. UU. y China vaya a solucionarse repentinamente, pero sí que los inversores empezarán a discriminar entre ganadores y perdedores.

En este contexto, empezamos a quitar las coberturas de las carteras, con la intención de ir incrementando la inversión en renta variable y deuda emergente.