Un artículo de Rafael López de Novales.

El concepto de carteras para vagos se le atribuye a Vanguard, que utilizando vehículos de gestión pasiva implementa distintas carteras estáticas según el perfil de riesgo. La idea es comprar y olvidarse.

El manual te dice que cuando los mercados caen violentamente y en bloque lo mejor es no tocar la cartera, ajustando los pesos a los niveles originales, para no perder exposición a aquellos activos más castigados.

En 2018 era muy difícil ver posiciones con rentabilidad positiva en cualquier cartera. En lo que llevamos de año, salvo la plata, todos los activos han cerrado con fuertes subidas.

Son espectaculares las rentabilidades en renta variable, en bonos, el crédito y en materias primas. Todo ha subido al unísono.

En mercados con recuperaciones fulgurantes, las inversiones que mejor recogen el rebote son aquellas que replican a los índices. Los gestores activos se van apeando en la subida, a medida que sufren mal de altura. El no haber mirado la cartera ha sido muy rentable.

El año pasado se correlacionaron los bonos y las bolsas cayendo ambas. Este año ha sucedido lo mismo, pero a la inversa. El bund ha llegado a cotizar con rentabilidades negativas, mientras que las bolsas volaban.

Los veteranos del mercado se hacen la pregunta de siempre: ¿quién se equivoca, los compradores de bonos alemanes o los que compran renta variable?

Echando la vista no tan atrás, el año pasado los mercados reaccionaron excesivamente debido a la falta de liquidez de final de año.  A las subidas de tipos de la FED, había que añadir la reducción de su balance y el anuncio del BCE del final de su programa de compra de activos.

Es la liquidez la que está al volante del mercado y los Bancos Centrales lo saben muy bien. En tres meses han enterrado al mercado bajista y han devuelto a los mercados a los niveles de mitad del año pasado.

Los extremos nunca son buenos compañeros a la hora de invertir. Lo mismo que a finales del año pasado se vaticinaba lo peor, probablemente este año el ciclo económico no se va a disparar.

Ha mejorado el apoyo de los bancos centrales a los mercados, traduciéndose en una notable reducción de los tipos de interés y de las primas de riesgo. Volvemos de nuevo a estar en un momento dulce para los activos de riesgo, que así se lo han tomado.

En Imantia pensamos que después de una recuperación en uve de los mercados, es el momento de levantarse de la siesta y ponerse en marcha.

No prevemos que el ciclo económico se vaya a deteriorar mucho más, ni que tampoco la economía se vaya a recalentar. Una vez pasado el susto, recuperaremos el pulso y esto se va a traducir en paulatina mejora de los beneficios empresariales y en tipos algo más altos en la Eurozona.

Durante la subida hemos incrementado la exposición a renta variable emergente y en Europa, con opciones. Las hemos gestionado activamente a medida que las bolsas iban subiendo. La baja volatilidad permitía tomar riesgo a precios razonables. Ya en estos niveles, nos planteamos moderar el riesgo de las carteras sobre todo en renta variable europea. Es el momento de materializar ganancias.

Entramos en temporada de publicación de resultados y las cotizaciones tienen descontado un final feliz a todos los episodios abiertos, que provocaban tanto respeto, en apenas hace tres meses.