En marzo 2015 el BCE anuncia la utilización de un nuevo instrumento de política monetaria denominado expansión cuantitativa o QE, por el que se compromete a comprar 60.000 millones de euros mensuales de deuda pública a partir de junio de ese año con el objetivo de inyectar liquidez en la economía y, estimular la deprimida concesión de  crédito en la zona euro. De paso ayuda a reconducir las débiles finanzas públicas de una buena parte de los países de la eurozona. Como la concesión de crédito y el ciclo no mejoran, en marzo 2016 incorpora la deuda corporativa al paquete susceptible de ser comprado, y eleva a 80.000 millones mensuales el montante de la intervención.

Comprueben en el gráfico superior los efectos que tal decisión tiene sobre los diferenciales de  ambos activos. Entre junio 15 y septiembre 16 el diferencial de crédito que incorpora la deuda pública de la zona euro se reduce a la mitad, y todavía es mayor el efecto cuando nos fijamos en la deuda corporativa, que reduce a más de la cuarta parte el precio cobrado por el riesgo de invertir en una empresa europea con grado en inversión.

Mis compañeros y yo, gestores de renta fija, sufrimos en ese tiempo el competir invirtiendo el dinero de nuestros partícipes con una “mano fuerte” a la que sólo le cuesta dar a la manivela de fabricar dinero. Nos dio vértigo y decidimos “mirar fuera de la caja”, salir de “nuestra zona de confort”, y barajar otras opciones de inversión fuera del espacio represivo formado por BCE.

Miren el caso 1: Vendimos reino de Portugal, sin crecimiento económico y con un 129% de deuda pública sobre PIB, y compramos deuda pública de Croacia (de esta no compra el BCE), país en crecimiento con una deuda pública en el 86% del PIB y con un déficit anual un 1.5% inferior al de Portugal. El resultado es que, de haber mantenido la inversión, nuestros partícipes perderían un 0.93% desde el 1 de enero frente a un 1.11% directo que ganan en la actualidad.

En el caso 2 vendimos DIA, la cadena de distribución alimenticia europea y compramos la mexicana Sigma alimentos (esta no la compra el BCE), con el mismo rating ambas y un poco más larga de vencimiento la segunda. A nuestros partícipes les ha rendido la inversión un 3.59% directo, frente a un coste de -0.13% en el caso de haber mantenido en la inversión inicial.

En el caso 3 vendimos Telefónica y compramos la principal empresa de telecomunicaciones India. Las dos tienen el mismo rating y el mismo plazo. Siendo empresas endeudadas, la India lo está en 3 veces deuda/ebitda, mientras que la europea (comprable por BCE) lo está en 3.6 veces. La primera ha generado a nuestros clientes 0.73% de rentabilidad en este periodo frente al 0.50% que habrían obtenido de telefónica, pero además, mis partícipes siguen invertidos al 1.26% mientras que los que tengan comprados la teleco europea lo están al 0.46%.

En la actualidad nuestras carteras están formadas un 30% por deuda financiera (no la compra BCE), un 10% en titulizaciones hipotecarias globales, y del 40% de deuda corporativa la mitad está radicada fuera de la zona euro.

Es cierto, mis compañeros y yo estamos algo alejados de “nuestra zona de confort”, pero ha merecido la pena a costa de mejorar el confort de nuestros partícipes.