El bestiario que deambula por la selva bursátil está compuesto por las especies más variopintas. La muestra recoge desde los muy conocidos tiburones hasta las no tan afamadas nutrias o las curiosas ardillas.

 

Los más reconocidos continúan siendo el “toro” y “oso”, con un lugar preferente en Wall Street. Estos animales son sinónimo del optimismo y pesimismo bursátil. Así, el momento toro es aquel en el que el mercado muestra tendencias claramente alcistas y el oso, por el contrario, las épocas bajistas.

 

Cuestión de actitud

 

La forma de actuar de los inversores también se asocia con diferentes animales.

 

-Tiburón. Se trata de un bróker agresivo, un escualo siempre a la caza de oportunidades de compra y venta.

 

-Cerdo. Similar al tiburón, pero con peor suerte –o menor conocimiento-. Asume un gran riesgo pensando que existe una oportunidad de grandes beneficios. Sin embargo, a menudo se equivoca. Es visto como ávido e irracional. Arriesga mucho para la pequeña posibilidad de ganar mucho.

 

-Águila. También ávido de presas y con un amplio conocimiento técnico. Posee una posición dominante sobre el panorama bursátil. Cuenta con una potente visión y está capacitado para lograr suculentas piezas de caza.

 

-Avestruz. Opuesto al águila. Se define por un gran desconocimiento y su miedo a tomar decisiones, lo que le impulsa a ocultar la cabeza. Prefiere ignorar los malos momentos y, a pesar de la evidencia, no realiza cambios en su cartera.

 

-Gallina. Muy similar al avestruz. Con un miedo atroz a perder su capital. Este inversor suele evitar cualquier tipo de posición que implique un riesgo, así que difícilmente entrará en bolsa.

 

-Nutria. Mucho más activo. Salta constantemente de una acción a otra, sin haber trazado un plan, lo que le lleva a tomar riesgos innecesarios que, si bien a veces pueden suponer grandes ganancias, la mayoría de las veces se convierten en pérdidas.

 

-Lemino (lemming) es un roedor conocido por sus migraciones masivas, que carga con el mito del suicidio en masa arrojándose al mar como mecanismo de autorregulación de la naturaleza. En bolsa, es aquel que sigue a la multitud en una inversión que, inevitablemente, le llevará al desastre. Bien podría llamarse oveja, pero el mundo inversor tiene reservado ese nombre a aquellos que no siguen una estrategia particular. Son erráticos y a menudo basan sus decisiones en las de otros sin medir las consecuencias. Generalmente se asocian a las estrategias más populares.

 

-Ardilla. Es, quizá, el inversor ideal. Feliz y animada, equilibra sus necesidades actuales y futuras. Tiene una metodología para poner a buen recaudo sus ahorros ante futuras necesidades. No invierte todo su capital en un único activo, sino que se vale de la diversificación.

 

La costumbre nos hace adoptar estas similitudes entre inversores y animales. Demasiado a menuda olvidamos que los humanos somos animales. ¿Racionales?¿Quién sabe? Pero eso sí, animales…