Un artículo de Rafael López de Novales.

La gran ola de liquidez provocada por los Bancos Centrales ha llegado a su fin. La subida de la marea elevó los precios de los activos financieros hasta unos niveles difíciles de imaginar, tanto a los buenos emisores como a los malos.

Cualquier error que se podría haber cometido, quedaba desapercibido por unos mercados que solo tenían un lado, el alcista.

Los años de bonanza, se han acabado. La FED, subiendo tipos, reduciendo su balance y el creciente déficit estadounidense está retirando ese exceso de liquidez. Es un efecto similar a cuando baja la marea, dejando al descubierto los excesos y debilidades, que anteriormente pasaban desapercibidos.

A esto se añade el BCE, que en diciembre termina su programa de compras, dejando solo al Banco de Japón en la tarea de crear liquidez. Los países emergentes podrían inyectar liquidez, pero a costa de debilitar sus monedas.

Los primeros en mostrar sus vergüenzas han sido aquellos países con balanzas comerciales deficitarias y endeudamiento externo elevado. Han caído Turquía y Argentina, lo cual no debería haber sorprendido a nadie, pero la complacencia y la necesidad de buscar rentabilidades ha provocado que los inversores hayan bajado la guardia.

Otros países como Sudáfrica o Brasil han sufrido fuertes caídas en sus divisas y bonos por el efecto contagio y por tener situaciones de inestabilidad política.

En Europa, muy probablemente, ese drenaje de liquidez ha sido, junto con la complicada situación política, el motivo del fuerte repunte de tipos que ha tenido la deuda italiana.

Ahora toca que los Bancos Centrales vayan drenando liquidez. Ese efecto inverso se verá reflejado en todos los activos de renta fija, primero en los más débiles, para llegar al final a los de máxima calidad.

La FED comenzó la normalización en 2013 y llevamos ya casi cinco años. La del BCE tendrá que prolongarse en el tiempo porque sino sus consecuencias podrían ser devastadoras, en un mercado con rentabilidades negativas. Volveremos de nuevo a la narrativa de “un paso adelante y otro hacia atrás”, hasta que los mercados puedan afrontar tipos más altos.

Los tipos de interés se fijarán libremente, por la confluencia de la oferta y la demanda. Hasta ahora ha habido más demanda, pero a futuro los compradores exigirán más rentabilidad.

No pensamos que la retirada de los Bancos Centrales sea definitiva. Están aquí para quedarse, por lo que, si los mercados de deuda experimentan caídas fuertes, volverán a intervenir para calmar a los inversores.

¿Y qué hacer en esta situación? 

Favorecemos activos de renta fija más vinculados a la curva de tipos estadounidense, ya que allí llevan mucho más camino recorrido, con duraciones cortas que permitan recuperar las caídas, en periodos cortos de tiempo.  

En este caso invertimos en high yield usa y renta fija emergente de corto plazo que ofrece una rentabilidad muy atractiva. El buen momento económico de la economía norteamericana y el repunte de rentabilidades que han tenido los segundos nos hacen ser muy positivos en esos activos.

Los efectos se notarán en aquellos emisores más débiles, por lo que es momento de ser muy selectivo y ágiles para poder beneficiarse de castigos excesivos en los activos.

Una moderada subida de tipos no tiene porqué ser mala para una bolsa como la europea, sobre todo por el notable peso que tiene el sector financiero. Solo si el repunte de tipos fuera excesivo, afectaría a la renta variable, que de momento se beneficia del buen tono económico. Por ello sobre ponderamos esta área.

La fortaleza de la economía estadounidense y la mejoría de la europea hacen necesarios unos tipos algo más altos.