Un artículo de Rafael López de Novales 

Hay regímenes de mercado en los que están claras las relaciones entre determinados factores y el precio de los activos y otros en los que los precios se mueven de forma estocástica.

El inicio de año parecía de manual. Las bolsas subían, alentadas por los buenos datos macro y la sincronización de las economías mundiales, y los tipos de interés de los bonos estadounidenses y alemanes repuntaban por las subidas de tipos de la FED y por la expectativa de normalización del BCE. El Euro, el crédito y los países emergentes disfrutaban también de la fiesta.

Las cotizaciones de los activos son función de una serie de variables macro. A veces esa relación es obvia y otras veces es un puzle difícil de resolver.

Las variables macro no son estables. De repente aparecen unas nuevas, o que estaban en el olvido, y otras desaparecen del mapa. Y lo más importante la función, esa relación evoluciona teniendo, en ocasiones, comportamiento no lineal. Cuando pasa un cierto nivel, el sistema se vuelve inestable.

Mientras en EE.UU. la FED elevaba moderadamente los tipos de interés, los mercados globales permanecían tranquilos, tanto las bolsas como el crédito. Ha sido cuando el bono a 10 años ha superado el 3% cuando se ha empezado a notar el estrés, sobre todo en el mercado de divisas y de renta fija emergente.

Al final, todo es como las fichas de dominó. Tipos más altos en EE. UU. empujan el dólar al alza y ambos dos, a la baja a las divisas emergentes.

Al mismo tiempo, el BCE concreta el final de su programa de compras, que junto con la llegada de un gobierno populista a Italia y la falta de liquidez, provoca una violenta subida de tipos y con ella la vuelta de las dudas sobre la sostenibilidad de su deuda. Y esto vuelve a recordarnos que el riesgo bancario y la deuda están íntimamente vinculados.

Han aparecido nuevas variables en una función en la que antes sólo se atendía al crecimiento económico y a la política monetaria. La fortaleza del dólar, la debilidad de la deuda italiana y del Euro y lo que faltaba, la posibilidad de una guerra comercial. Aunque de momento hay mucho ruido mediático, pero no se han desatado las hostilidades.

Los mercados se han vuelto más vulnerables en cuanto han aparecido estos estresores.

La propuesta de inversión de Imantia Capital en este entorno pasa por simplificar más la cartera. Reducimos la posición en cortos de bund, ya que su cotización, en este momento ya no sólo responde a la política monetaria del BCE, sino que actúa de refugio frente a las dudas que suscitan los gobiernos populistas en Europa y por el miedo a la guerra comercial.

Reducimos los fondos de híbridos y subordinados, que son susceptibles de contagio en el caso de que vuelvan las dudas sobre deuda italiana y el sistema financiero. Y al mismo tiempo elevamos la exposición en crédito y deuda italiana de corto plazo, ya que ofrecen una rentabilidad razonable con buena visibilidad.

Los mercados y las cotizaciones están en permanente cambio. El régimen actual requiere ser más prudente y mantener la capacidad de subir de nuevo exposición cuando esas relaciones estén más claras y reflejadas en las cotizaciones de los diferentes activos.