Un artículo de Rafael López de Novales.

Fue Bill Clinton el que, cuando era presidente de los Estados Unidos dijo: “¿Eso quiere decir que el éxito del programa económico y mi reelección depende de la FED y de un puñado de malditos traders de bonos?”.

El asesor económico, James Carville, acuñó la famosa frase: “Sí señor, si hubiera reencarnación, me hubiera gustado volver como presidente, Papa o gran jugador de beisbol. Pero ahora me gustaría volver como mercado de bonos. Así podría intimidar a todo el mundo”.

Donald Trump también se ha quejado de la FED y de su presidente, diciendo incluso que “eran un problema aún mayor que China”.

Quizá el mayor desequilibrio de la economía estadounidense es el elevado nivel de deuda pública y la necesidad de financiarlo externamente, en un momento en el que las relaciones con sus acreedores no pasan por buen momento. Es el ejemplo de las disputas con China.

Viendo los mercados con cierta perspectiva, la FED ha enfriado los excesos antes de que la fiesta se le fuera de las manos. Y es normal que aquellos que estaban disfrutando se quejen amargamente.

Pero, aunque cause dolor a corto plazo, la FED es muy consciente de las consecuencias de sus actos. Ha tenido que elegir entre la estabilidad del mercado de deuda o que la fiesta continuase, optando claramente por el más importante: la deuda.

La FED ha realizado un buen trabajo enfriando la economía y situando los tipos de interés en unos niveles atractivos. Así, los inversores ya no tienen que hacer malabares para conseguir rentabilidad.

La Reserva Federal no ha sido inmune al sufrimiento y con las fuertes caídas de final de año, ha cambiado diametralmente su discurso.

Para 2019 los inversores ya no descuentan más subidas de tipos. El tipo a 10 años, desde máximos, ha bajado más de medio punto porcentual, el dólar deja de estar tan fuerte y su mercado de deuda va a ser una balsa durante un tiempo.

En este escenario de estabilidad de tipos, los activos más perjudicados por la subida anterior han ganado brillo. Sin subidas de tipos en el horizonte y con un dólar estable, los países emergentes entran en un círculo virtuoso. La asimetría de riesgo se ha inclinado hacia arriba. Los bancos centrales de países emergentes, sin la presión de sus divisas, tienen margen para ir poco a poco reduciendo los tipos de interés, que elevaron anteriormente para defender sus monedas.

Queda pendiente la espada de Damocles del conflicto comercial entre Estados Unidos y China. Mientras tanto, los inversores van moviendo tímidamente sus inversiones hacia esta área, pero no lo harán de verdad hasta ver cómo se resuelve la disputa.

La renta fija de países emergentes ofrece una rentabilidad interesante, sus divisas han corregido los excesos y por valoración, sus compañías están atractivas.

En Imantia Capital, mantenemos una visión positiva de la renta fija emergente, tanto de gobierno como corporativa y sobreponderamos la renta variable, ya que ofrece crecimiento, valoración atractiva y unas economías que crecerán por encima de los países desarrollados.