Datos a 7 de mayo 2019.

Un artículo de Francisco Blasco 

Parecía que marzo podía ser el mes de inicio de la corrección en los índices financieros y entonces, llegó abril con la publicación de unos resultados empresariales sorprendentes para todos. Se observa un alza en BPA del 1,7% de media en las empresas del S&P-500 (el 80% de las publicadas), o un alza del 4% de media en las del índice Stoxx-60 (con más del 40% de las empresas publicadas). Recordemos que en ambos se esperaban caídas de BPA, de media, del -4%. Y, sin más, en qué se traduce eso en el EuroStoxx-50, en una nueva subida del 4,78%.

Eso sí, no hay que olvidarse que baten a unas expectativas de beneficios ya de por sí muy deprimidas. Las revisiones a la baja de los meses anteriores han sido las más bruscas desde la crisis financiera. La parte positiva es que, si las previsiones de crecimiento económico para la segunda parte del año se cumplen, el movimiento en la próxima publicación de resultados, allá por el mes de julio, podría sorprender con, en este caso, revisiones al alza de las tasas de crecimiento de los beneficios.

Y, sin embargo, en los primeros días de mayo, de los cuales la mitad han sido festivos en casi toda Europa, el índice europeo ha perdido un 3,23%, prácticamente toda la revalorización del mes anterior. ¿Qué está pasando?, o como diría el maestro Sabina, ¿quién me ha robado el mes de abril?

Una vez más, las incertidumbres geopolíticas. El domingo pasado nos acostábamos con nuevas dudas sobre la resolución de las negociaciones de la guerra comercial entre USA-China. Trump, a través de su medio de comunicación preferido, Twitter, daba un ultimátum a las negociaciones. Amenazaba con incrementar los aranceles desde un 10% actual a un 25% a $200bn de importaciones, siendo susceptibles de gravar unos “nuevos” $300bn adicionales.

La reacción del gobierno chino no se ha hecho esperar, está preparando una batería de nuevas tarifas para productos norteamericanos como represalia. Ha reducido la delegación que viajaba esta semana a Washington, y limita a dos días las reuniones en las que, a priori, podrían haberse ultimado puntos con la idea de firmar en junio.

Tenemos que recordar en este punto que la recuperación de la economía global en la segunda parte de este año pasaba, entre otros puntos, en que se llegara a un acuerdo comercial próspero para ambas partes.

Entonces, ¿por qué este giro de comentarios que pueden acabar con todo lo avanzado hasta ahora?

Desde nuestro punto de vista, tiene muchas probabilidades de ser una estrategia de negociación por parte de Trump. Parece que las negociaciones se están alargando más de lo deseado y, además, en las próximas dos semanas, el presidente norteamericano tiene que decidir acerca de la imposición de aranceles a sectores europeos “críticos” (como el sector autos) para la seguridad de EE. UU. La experiencia ya nos ha demostrado que Trump no empieza una batalla sin haber cerrado previamente otro frente. Esperemos que así sea, que simplemente esté forzando un acuerdo in-extremis y no termine en que ambos salgan de las negociaciones tarifando.