Desde el referéndum del Brexit de 23 de junio de 2016 siempre ha habido dos negociaciones a seguir. La primera ha sido la negociación en el Reino Unido para reconciliar los deseos del 48% de la población que no quería abandonar la Unión Europea (UE) con los del 52% que sí. La segunda ha sido la negociación con la UE propiamente dicha.

La división de la población del Reino Unido se hizo igualmente evidente en el Partido Conservador del país. El viernes la primera ministra Theresa May convocó una reunión con su consejo de ministros para intentar negociar una ambición común que le permita comenzar las negociaciones formales con la UE acerca de una futura alianza.

Básicamente lo que el gobierno tenía que decidir el viernes era si dar prioridad a una relación cercana constante con la UE o si intentar intensificar el comercio con otros países para compensar la ausencia de acceso al mercado de la UE. El comercio del Reino Unido presenta un sesgo aplastante hacia la UE y las cadenas de suministro están altamente integradas. A pesar de que se podrían establecer otras alianzas comerciales, no está claro con qué rapidez se podrían alcanzar estos acuerdos o lo prósperos que podrían resultar.

El hecho de acordar dar prioridad al comercio de mercancías con la UE mediante el establecimiento de una alianza aduanera resuelve el problema de una potencial frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Pero para mantener el acceso al mercado único de mercancías, el gobierno británico ha reconocido que tendrá que respetar el marco reglamentario impuesto y supervisado por la Comisión Europea y el Tribunal de Justicia de la UE. A pesar de que esto puede parecer una concesión por lo que respecta a la ambición del Reino Unido de recuperar la soberanía, hay que recordar que el acuerdo sobre la regulación es fundamental para el comercio. Sin unas normas comunes un país no tendría capacidad para obtener cuota de mercado utilizando prácticas que no se adaptan a los valores de otro (siendo el trabajo infantil un ejemplo extremo de esto o el pollo clorado un ejemplo menos extremo).

David Davis —antiguo Secretario de Estado para el Brexit— decidió el domingo por la noche que no podía apoyar la postura del gobierno y ha dimitido. Ha sido sustituido por Dominic Raab, antiguo ministro de vivienda. Al mercado le seguirá preocupando que David Davis haya sido tan solo la primera pieza del dominó del Brexit en caer, aunque nuestra hipótesis principal es que, por el bien del futuro del Partido Conservador, el plan de la primera ministra obtendrá un respaldo mayoritario.

 

¿Qué ocurrirá después?

 

Esto representa un paso importante que permitirá al Reino Unido comenzar las negociaciones con la UE. Aunque hay retos por delante. No está claro si la UE considerará aceptables todos los elementos que ambiciona el gobierno británico (probablemente Bruselas comenzará a decir algo más cuando se publique el Libro Blanco del gobierno la próxima semana). El gobierno mantiene que hay una solución tecnológica que permitirá al Reino Unido actuar como frontera aduanera de la UE y al mismo tiempo establecer acuerdos comerciales con otros países. Pero es posible que la UE no esté dispuesta a aceptar este acuerdo hasta que la solución sea claramente factible.

Por otra parte, el gobierno se mantiene firme en su empeño de recuperar el control de la migración. Esto podría poner en peligro la capacidad del Reino Unido para alcanzar un acuerdo general sobre el libre comercio de servicios. Sin embargo, nuestra hipótesis principal es que en última instancia también se alcanzará un acuerdo con respecto a los servicios. La fragmentación de los servicios financieros que se causaría de no alcanzarse este acuerdo elevaría el coste del capital para las empresas europeas y podría perjudicar a la ansiada recuperación de la eurozona. Esperamos que se alcance un acuerdo con respecto a un marco de supervisión conjunto entre los dos reguladores —el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo— que facilite el camino del acuerdo en materia de servicios.

Hoy la libra esterlina ha subido ligeramente, aunque la dimisión del señor Davis probablemente ha aplacado todo entusiasmo. Seguimos pensando que para finales de año el Reino Unido habrá negociado un Brexit relativamente suave. Prevemos una subida generalizada de la libra esterlina que hará bajar la inflación en el Reino Unido en un momento en el que el crecimiento salarial está repuntando. Esto favorecería una mejora de las previsiones económicas de cara a 2019 y muy probablemente un aumento del ritmo de subidas de tipos de interés por parte del Banco de Inglaterra.

 

Karen Ward
Estratega de mercado jefe para EMEA

 

 

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