El tema del comercio se ha convertido en una constante en los diarios, lo que ha hecho que los inversores se pregunten cuál es la situación actual en materia de aranceles y su potencial impacto sobre la economía. El libre comercio es importante para el crecimiento tanto a corto como a largo plazo, dado que las acciones que limitan el comercio podrían obstaculizar la expansión mundial, causando disrupciones en la producción, aumentando los costes para las empresas y/o los precios para los consumidores, limitando el mecanismo de transmisión positiva entre economías y, en última instancia, reduciendo la productividad. Sin embargo, el alcance de las restricciones comerciales también es importante —para empezar, es importante distinguir entre los aranceles aprobados y los que todavía se están debatiendo—.

 

Mucho ruido y pocas nueces

 

Hasta la fecha se han impuesto aranceles a las importaciones de madera, lavadoras, placas y células solares, y acero y aluminio (con excepciones para determinados países) (Tabla 1). En conjunto, estos suman 54.000 millones de USD de importaciones estadounidenses, lo que equivale al 2% de todas las importaciones de EE. UU. o al 0,3% del PIB del país (Gráfico 1). En respuesta a estas acciones, nuestros socios comerciales han aplicado aranceles a 22.000 millones de USD de exportaciones estadounidenses, lo que equivale al 1% de todas las exportaciones de EE. UU. No cabe duda de que la aplicación de aranceles resulta un poco inquietante, pero las cifras son todavía muy pequeñas y no deberían alterar de forma significativa la trayectoria del crecimiento y de la inflación del país.

 

 

Sin embargo, lo que todavía no sabemos es hasta qué punto se agravará esta situación. Se han debatido otros aranceles (Tabla 2), pero todavía no se han aplicado, especialmente por lo que respecta a las importaciones procedentes de China.

Se espera que el 6 de julio se apliquen aranceles del 25% sobre 32.000 millones de USD de importaciones chinas, con otros 14.000 millones de USD todavía en fase de estudio. Se ha propuesto un arancel del 10% sobre otros 200.000 millones de USD, aunque todavía no se dispone de un cronograma claro, y la información está todavía menos clara por lo que respecta a otros 200.000 millones de USD que vendrían a continuación (lo que sumaría un total de 450.000 millones de USD).

Por otra parte, el Departamento de Comercio estadounidense está investigando si las importaciones de automóviles y piezas de automóviles representan una amenaza para la seguridad nacional y si deberían estar sujetas a aranceles. Todo esto sucede en un contexto en el que el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) está en el aire, dado que las conversaciones con Canadá y México todavía no han concluido.

 

 

El peor escenario posible implicaría aranceles sobre las importaciones de 450.000 millones de USD de China y 275.000 millones de USD de automóviles y piezas de automóviles. En este escenario, podríamos ver un 27% de las importaciones de EE. UU. sujetas a nuevos aranceles, lo que equivale al 4% del PIB del país (Gráfico 1). Determinar el impacto directo sobre la inflación y el crecimiento es algo complicado, dado que implica múltiples supuestos sobre la medida en que la subida de precios repercutiría en el consumidor y cómo esto afectaría a las decisiones sobre el gasto. Todavía más difícil resulta calcular los posibles efectos indirectos de un descenso de la confianza y de las disrupciones en la cadena de suministro.

 

Potenciales impactos y lecciones del pasado

 

Partiendo de la situación actual, un nuevo agravamiento de la situación comercial conlleva múltiples riesgos bajistas. Los aranceles restan importancia a la especialización, limitan el comercio global y perjudican al progreso económico. Dicho de otro modo, con los aranceles todos salen perdiendo. A pesar de que todavía no nos encontramos ante una guerra comercial y nuestro supuesto más probable sigue siendo que no se llegará a dar, el balance de riesgos ha cambiado y nos ha obligado a tomar en consideración cómo podría ser el peor escenario posible.

 

El impacto sobre el crecimiento sería más pronunciado para China que para EE. UU., dado que los 450.000 millones de USD de importaciones chinas que podrían ser gravadas representa el 3,2% del PIB chino. Por otra parte, EE. UU. exportó aproximadamente 130.000 millones de USD de bienes a China el pasado año, lo que representa cerca del 1% del PIB de EE. UU. Por tanto, desde el punto de vista del crecimiento, los aranceles perjudicarán más a China que a EE. UU. Dicho esto, los chinos podrían utilizar otros métodos distintos de los aranceles (como limitar las operaciones comerciales de EE. UU. en China) para contraatacar.

Sin embargo, es importante señalar que China no es el único jugador en este juego y que el conjunto de las represalias podrían compensar potencialmente el reciente estímulo fiscal, afectar a la confianza de empresas y consumidores, y resultar más nocivo de lo previsto para el crecimiento económico.

Por otra parte, la inflación estadounidense podría acelerarse si el coste de los aranceles se transmite por completo al consumidor, lo que tiene implicaciones para la trayectoria de los tipos de interés y la política de la Reserva Federal.

Muchos preguntan si el pasado puede dar alguna pista para la situación actual; los aranceles de Smoot-Hawley de la década de 1930 parecen ser el mejor punto de comparación.

A pesar de que los economistas continúan debatiendo si la Ley Smoot-Hawley agravó la Gran Depresión, lo que está claro es que la aplicación de estos aranceles en un momento difícil para la economía global provocó indignación y represalias internacionales, e indudablemente debilitó el sistema económico mundial.

Dado que el comercio ahora representa una parte más importante de tanto de la economía de EE. UU. como de la economía mundial que en la década de 1930 (Gráfico 2), un nuevo agravamiento podría resultar muy nocivo para una economía mundial que por fin está sufriendo los últimos efectos del deterioro de la crisis financiera. A pesar de que todavía no nos encontramos en un punto en el que se puedan realizar comparaciones directas con los aranceles de Smoot-Hawley (Gráfico 3), la materialización de una verdadera guerra comercial llevaría a la economía mundial por una trayectoria bastante desagradable en los próximos años. Por otra parte, hay una forma de resolver estas tensiones de forma amistosa. Cuando EE. UU. impuso aranceles sobre el acero a comienzos de la década de 2000, los aranceles de la UE establecidos con un objetivo político impulsaron a EE. UU. a retirar dichos aranceles antes de lo previsto. En última instancia, los inversores tienen que ser conscientes de que los aranceles no resolverán el desequilibrio de nuestros pagos exteriores; el déficit comercial equivale al déficit del sector privado más el déficit del presupuesto del gobierno y dado que el déficit presupuestario aumentará e los próximos años, la situación es claramente más compleja de lo que parece.

 

 

Implicaciones para la inversión

 

A pesar de que las tensiones comerciales siguen representando un riesgo bajista para el crecimiento y son fuente de volatilidad en los mercados de capitales, nos parece demasiado pronto para cambiar nuestra opinión optimista acerca de la economía estadounidense y mundial. Los aranceles aprobados hasta la fecha han tenido un alcance limitado y, como resultado, el crecimiento de los beneficios debería seguir siendo sólido en todo el mundo, permitiendo que los activos de riesgo continúen subiendo. Dicho esto, es poco probable que los titulares relacionados con el comercio vayan a desaparecer, lo que significa que será una subida plagada de baches; como resultado, los inversores deberían mantener una asignación equilibrada y evitar un exceso de avidez por obtener rendimientos o rentabilidad en la coyuntura actual.

 

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