En el primer trimestre del año hemos recuperado la mitad de la caída del año 2018.  Decíamos en diciembre “los mercados financieros son maniaco-depresivos, pasando rápidamente de la euforia al pánico según el estado psicológico de los inversores. Cuando el nerviosismo se apodera del mercado como en este mes de diciembre, todas las empresas se ven arrastradas por las ventas de los inversores particulares e institucionales”.

Con la caída en diciembre, incrementamos nuestra exposición neta a bolsa que aún mantenemos a final de marzo en niveles cercanos al +50%. Considerábamos que el mercado ofrecía una gran oportunidad a corto plazo. El sentimiento negativo a nivel global tanto de los inversores individuales como institucionales fue desproporcionadamente alto en relación al nivel de caídas las bursátiles, lo que podía anticipar una fuerte recuperación en la primera parte del año. En el corto plazo, la psicología inversora marca los precios. En el largo plazo son los beneficios empresariales.

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