Todos los lectores de los cómics del pato Donald y el Tío Gilito ( Donald y Scrooge Mc Duck en la versión original ) recordamos la imágenes del avaro Gilito zambulléndose en un enorme depósito repleto de monedas. Una visión inexorablemente ligada al disfrute de su acopio y por supuesto a la existencia propia del dinero como felicidad acuñada.

Pues bien, si Walt Disney naciese este 2018, es muy probable que el tío Gilito nunca fuese dibujado nadando entre monedas. Eso parece aventurar la muy posible desaparición – en pocos años – del papel y las monedas físicas como medio de pago.

Sin ir más lejos el Banco Central Europeo ya está retirando, sin prisa pero sin pausa, los billetes de 500€ que circulan por Europa aduciendo razones de evitación de blanqueo de capitales y crimen organizado.

Los países nórdicos ya hace años que compiten por ser los primeros en eliminar papel y moneda y sustituirlos por el higiénico pago electrónico con tarjeta o teléfono. La higiene es una de las razones para los que defienden su desaparición. Sobre todo desde que algunos estudios científicos demostraran la convivencia entre las fibras de los billetes o sobre las aleaciones metálicas, de colonias de bacterias que podrían acabar con el mismísimo Godzilla.

A estas razones hay que sumarles otras varias, curiosamente monetarias. La producción, impresión, transporte, protección y control del papel y las monedas no son precisamente baratos para los Estados. Un coste anual por todos esos conceptos que solo en USA supera los 150.000 millones de dólares.

Por su parte para los que defienden su permanencia, la sustitución del papel timbrado y la calderilla empobrecerían irremediablemente a enormes masas de población desfavorecida que no tienen acceso a la telefonía. Tampoco se lograrían erradicar ni el crimen, ni el blanqueo de capitales, ni la falsificación ni los robos a Bancos, a cajeros o a personas que tan solo se sofisticarían pasando de su versión analógica a la digital.

Añaden sus valedores que el uso de dinero físico supone un acto de independencia  sin intermediarios, por lo que evita que los traficantes de datos comercien con nuestra información o con nuestros hábitos de compra o ahorro.

Opiniones y matices para todos los gustos. En cualquier caso, el fin del dinero físico tendría unos ganadores claros: los estados, las plataformas de pago y los bancos. También muchos perdedores y, entre éstos, sin duda, el pobre Tío Gilito que al saltar del trampolín no encontraría sus miles de monedas, sino tan solo, un frío e implacable océano de anotaciones electrónicas.

Carlos de Fuenmayor- Director Negocio Institucional y Grandes Cuentas en Merchbanc Barcelona para ExpansionCat

@cdefuenmayor