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Johan Du Preez, gestor

Podría afirmarse que Japón es el mercado desarrollado más pasado por alto del mundo. Se trata de la tercera mayor economía del planeta, la renta variable japonesa representaba un 8,6% del índice MSCI World a 30 de junio de 2018; sin embargo, los inversores suelen ignorar el potencial de inversión de este mercado, alegando su mal comportamiento histórico y un panorama económico pesimista. No obstante, a quien preste atención no se le escapará que el Japón actual tiene muy poco en común con el tópico habitual de una antigua potencia económica aletargada y en pleno declive.

Aunque muchos críticos han destacado ciertos resultados deslucidos de las “Abenomics” -políticas económicas propulsadas por el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, desde las elecciones generales de 2012- es innegable que el país asiático ha experimentado una enorme transformación estructural en los últimos seis años. Estamos siendo testigos de niveles crecientes de inflación, crecimiento salarial, y la fase de expansión del producto interior bruto (PIB) más prolongada en casi tres décadas. Así, no sorprende que los beneficios de las empresas estén aumentando de forma sostenida.

La contracción de la población está conduciendo a una falta de mano de obra, pero las autoridades niponas han abordado la situación con medidas para elevar la participación de la mujer en la población activa y permitiendo la entrada de más trabajadores extranjeros. Hoy en día puede apreciarse un giro visible en la actitud de las empresas, que están invirtiendo en tecnología para reducir su ineficiencia. 

Al mismo tiempo, están teniendo mucho más en cuenta a sus accionistas. Con medidas top-down como el Código de Gobierno Corporativo y la presión del Fondo de pensiones del gobierno (GPIF), el empresariado japonés está deshaciéndose del efectivo excedente que ha mantenido tradicionalmente en su balance, a favor de mayores dividendos y programas de recompra de acciones propias (gráfico 1).

Fuente: Nomura, junio de 2018. Las cifras de 2018 son una estimación. 

Las rentabilidades pasadas no son un indicativo de las rentabilidades futuras.

También estamos viendo una mayor actividad de fusiones y adquisiciones, tanto a nivel doméstico como en el extranjero. Grandes grupos de capital inversión están comenzando a abrir oficinas en Japón, al percibir buenas oportunidades en un entorno en el que los conglomerados están escindiendo divisiones de negocio para maximizar su valor.

Las compañías japonesas también están tratando de expandir su presencia en el exterior para obtener acceso al crecimiento. Hemos visto un aumento de las compras de rivales extranjeros por parte de firmas niponas, y creemos que esta tendencia va a continuar. En un entorno en que las empresas chinas están limitando su inversión exterior debido a limitaciones cambiarias, y donde las compañías estadounidenses se están orientando en mayor medida hacia su mercado nacional, el Japón corporativo puede encontrar oportunidades atractivas para seguir creciendo.

Todo esto se traduce en múltiples motores que impulsan el avance del mercado. En general, estamos viendo un entorno de cambios estructurales a largo plazo que sitúa a Japón entre las oportunidades de inversión más prometedoras. En el actual clima de incertidumbre política y económica, pensamos que la relativa estabilidad del país asiático ofrece una oportunidad que los inversores no deberían perderse.

Los inversores deben recordar que el valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial. Además, le recordamos que las rentabilidades pasadas no son un indicativo de las rentabilidades futuras.
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