Digámoslo claro: los índices son un punto de referencia muy útil para el inversor. Es difícil imaginar el mundo de la inversión sin índices que proporcionen un punto de partida para la construcción de una cartera. Sin embargo, los índices no son perfectos.

Uno de los puntos más controvertidos del proceso de construcción de un índice es su relación estrecha con el precio de los activos. Es decir, si sigues a un índice, te obligará a tener más de lo que más ha subido, y a tener menos de lo que más ha bajado. Intuitivamente vemos que esto puede causar algún problema. Podemos usar un dicho popular, como ¨todo lo que sube, baja¨ o pensarlo de modo un poco más sofisticado, como ¨si una empresa sigue subiendo más que el resto indefinidamente, al final va a terminar siendo el 100% del índice¨. Lo miremos como lo miremos, está claro que la relación estrecha entre precio y peso en el índice no siempre va a ser favorable para el inversor a largo plazo.

Lo interesante es que estos problemas o dislocaciones ocurren a todos los niveles. A nivel micro, es decir, cuando una acción en concreto pasa a tener un peso muy elevado en un índice, pero también a nivel macro, cuando un sector o un país pasan a tener un peso desmesurado en los índices.

Podemos verlo en los siguientes ejemplos históricos:

 Dislocaciones a nivel acción:

• En los años 2000, Nokia llegó a ser el 72% del índice bursátil finlandés, cayendo luego hasta el 10%, nivel cercano al actual.

• En los años 1990, Enron entró en índices como el Dow Jones Utility Average, el S&P 100 y el S&P 500, llegando a ser al cabo de pocos años la séptima compañía más grande después de que su acción subiera mucho más rápido que la media del índice. En el año 2001, Enron se declaró en bancarrota y salió de los índices.

 Dislocaciones a nivel sector:

• Durante los años 1990, el sector tecnológico representaba menos del 20% de los índices bursátiles de EEUU, pero su peso se fue incrementando año tras año. En el año 2000, el sector tecnológico llegó a representar casi el 35% de los índices, cayendo luego por debajo del 20% después del estallido de la burbuja tecnológica.

• Durante los años 1990, el sector bancario representaba menos del 10% de los índices bursátiles de EEUU. Durante los años 2000, fue creciendo hasta llegar en el año 2007 a representar más del 14%, cayendo luego por debajo del 8% después de la crisis financiera.

 Dislocaciones a nivel país:

• El año 1989, Japón representaba el 45% de los índices bursátiles globales desarrollados, frente al 33% de EEUU, por ejemplo, pese a que el PIB de Japón era aproximadamente un tercio del de EEUU. Al estallar la burbuja, Japón pasó a representar menos del 10% de los índices globales, nivel similar al actual.

• En el año 2008, Grecia representaba casi el 5% de los índices de deuda de la eurozona, pese a representar aproximadamente un 2% del PIB de la zona euro. Al estallar la crisis de deuda, Grecia salió de los índices.

Como la rana que no sabe que está hirviendo el agua si la calientas poco a poco, el inversor indexado no sabe que está invirtiendo en una burbuja. De hecho, hay poquísimos inversores que sepan realmente si lo están haciendo, la mayoría solo nos damos cuenta después de que ésta haya estallado.

Lo que sí podemos hacer es pensar en maneras de evitar estar forzados a comprar en las proporciones que indica el índice. Una manera de hacerlo puede ser escogiendo un fondo de gestión activa. Esa opción tiene pros y contras que no entramos a debatir ahora.

Hay otras formas de evitar esta compra forzada y, al mismo tiempo, preservar el máximo de ventajas de la gestión pasiva, como pueden ser el coste moderado, la transparencia y la construcción basada en reglas para no dar lugar al posible error del gestor humano.

Dos de los métodos más sencillos, transparentes y efectivos en romper esa relación entre precio y peso en el índice son los siguientes:

Método 1: Escoger un índice equiponderado. Existen algunos índices no convencionales que simplemente incluyen un grupo representativo de acciones y les dan a todas el mismo peso, independientemente de si una sube o baja más que el resto. Quizá uno de los más conocidos es el S&P 500 equiponderado, un índice que incluye todas las acciones presentes en el índice S&P 500 convencional y las pondera con pesos iguales (es decir, 100%/500 = 0,20% cada acción). El objetivo de este índice equiponderado es invertir en la bolsa de EEUU sin obligar al inversor a preocuparse tanto por dislocaciones en el precio de una acción en concreto.

Método 2: Ponderar la cartera por variables económicas objetivas, transparentes y estables. Como vimos en el caso de Japón o de Grecia, los precios de mercado fueron malos consejeros y al cambiar tan bruscamente implicaron grandes cambios en la composición de la cartera en un periodo relativamente corto. Una variable económica objetiva como el PIB hubiera sido mejor consejera. Existe la posibilidad de construir una cartera global en la que el peso de cada país venga determinado por ejemplo por el PIB de ese país. El objetivo de esta construcción ponderada según el PIB es tener una cartera global diversificada reflejando la fuerza económica real de cada uno de los países donde invertimos, más allá de dislocaciones de precio causadas por los vaivenes del mercado y usando datos objetivos (datos de PIB publicados por ejemplo por el Banco Mundial), transparentes (cualquier persona puede acceder a dichos datos) y estables (el PIB de un país es mucho menos variable que los precios de mercado).

En próximas entradas de blog exploraremos con más detalle el S&P 500 equiponderado y una cartera global ponderada según el PIB.