2018 ha sido un año que podemos catalogar de malo en términos de rentabilidad y que nos ha defraudado a casi todos los agentes financieros. Si a comienzos de 2018 esperábamos crecimiento económico robusto, bajos tipos de interés pero ascendentes, inflación controlada a pesar de la subida de las materias primas y costes laborales, crecimiento fuerte de los beneficios empresariales apoyados por la política fiscal laxa en EEUU y continuo crecimiento económico, todas estas variables se han confirmado, pero sin embargo, los mercados no han un comportamiento acorde con la realidad macroeconómica, todo lo contrario, las rentabilidades de casi todos los activos han sido negativas, y 2018 es de los años que más han defraudado a clientes, analistas y gestores, porque no ha habido donde cubrirse y cualquier tipo de perfil (conservador, moderado o tolerante), obtiene rentabilidades negativas ya que los activos de renta fija han caído en precio sin capacidad de los cupones para compensarlo, y la renta variable también ha ofrecido correcciones bastante significativas en la mayoría de las regiones.

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