A primera vista, una estrategia diseñada para obtener rentabilidad cuando una empresa cae suena poco responsable. Este tipo de estrategias bajistas, conocidas como “venta en corto”, se asocia con técnicas oscurantistas para aprovecharse de problemas en las empresas y de abuso de mercado, pero si miramos más allá de la superficie vemos que los 'cortos' pueden ayudar a administrar el riesgo de manera más efectiva y contribuir a la eficiencia del mercado. 

¿Qué es la venta en corto?

En términos prácticos, implica pedir prestado una acción a un inversor y luego venderla de inmediato, con la esperanza de que su precio caiga y se pueda comprar nuevamente a un precio más barato. Se obtiene un beneficio basado en la caída del precio y la acción recomprada se devuelve al accionista original.

Este 'préstamo', que se suele hacer en un corto periodo de tiempo, supone unos riesgos y unos costes adicionales si lo comparamos con la inversión tradicional. También se pueden tomar posiciones 'cortas' a través del mercado de derivados, vía futuros, en los que el inversor ganará dinero si el mercado baja y perderá si sube.

En cuanto a la ética, no hay respuestas generales. En nuestra opinión, la pregunta pertinente es cómo se comportan los inversores. Las operaciones en corto no afectan directamente a la salud financiera de una empresa cuando los inversores venden acciones y tampoco se fortalece cuando estos las compran. 

En realidad, las dudas éticas surgen cuando los inversores toman medidas adicionales para influir en la salud financiera y en el valor de las empresas después de que hayan comprado o vendido acciones. Para evaluar la ética de las ventas en corto, por lo tanto, debemos considerar las acciones de diferentes vendedores en corto en lugar de la propia determinación de operar a la baja. Estas se dividen en cuatro categorías:
 

1) Buscadores de valores caros

Normalmente, los inversores tradicionales buscan compañías que estén infravaloradas pero que tengan un potencial de revalorización. En cambio, el 'buscador de valores caros' selecciona empresas que están sobrevaloradas o que se encuentran en una situación complicada que todavía no se ha reflejado en el precio de su cotización. Por tanto, decantarse por este tipo de compañías es una forma más directa de anticipar que su precio va a caer en algún momento, hecho que, de alguna manera, presiona la acción.

Pese a ello, este tipo de inversores también ayudan a equilibrar los precios del mercado y contribuyen a que el mercado sea eficiente. Dicho impacto positivo es una de las razones por las que el proveedor de índices MSCI permite realizar las operaciones en corto. 

Un área que cada vez está generando más interés es el de los fondos de inversión socialmente responsable. Algunos inversores prefieren excluir a sectores como el del tabaco, las petroleras o las fabricantes de armas. Un enfoque más radical sería tomar una posición corta en estas compañías o en otras con características sostenibles deficientes.
 

2) Activistas de cortos

Este perfil de inversor practica una estrategia de inversión más extrema que la explicada anteriormente, ya que, en lugar de suponer que el mercado ajustará el precio de una empresa, intentará forzar que caiga. 

¿Cómo? Haciendo hincapié en los motivos que tiene para creer que una empresa está sobrevalorada. Al generar una cobertura negativa, puede hacer que el precio de la acción caiga y, además, afectar a la salud financiera de la empresa. No obstante, a veces, esta técnica puede ser positiva, ya que puede desvelar algunas irregularidades que hasta ese momento no se habían tenido en cuenta. 

Sin embargo, los activistas más radicales son los que dan mala reputación a las operaciones en corto, ya que a veces llegan a difundir rumores falsos y llevan a empresas sanas a tener verdaderas dificultades. De hecho, en muchas ocasiones, cuando las empresas demuestran que las acusaciones no eran ciertas, el inversor en corto ya ha obtenido su rentabilidad pero ha dejado un rastro de devastación tras su paso.

3) Gestores de riesgos

Estos inversores utilizan la estrategia de 'ponerse corto' para controlar el riesgo de sus carteras. Por ejemplo, cuando se compra una acción, nos arriesgamos a que pierda valor cuando el mercado caiga. Para controlar el riesgo, estos inversores compran acciones y, al mismo tiempo, se ponen cortos en futuros. De esta manera, la rentabilidad sería la diferencia entre lo que ha caído una acción y el mercado. Esta práctica, además, reduce la volatilidad y el riesgo de pérdida y no afecta a la salud financiera de la empresa. Por tanto, este tipo de inversión no genera una preocupación ética.

4) Seguidores matemáticos de tendencias

Con esta estrategia, los inversores buscan obtener rentabilidades de las tendencias de los mercados, es decir, compran cuando el mercado está subido y se ponen cortos cuando cae. 

Esta manera de invertir es cuantitativa y sistemática, fomentada por algoritmos informáticos. En este caso, no pueden ser acusados de intentar presionar una acción para que su precio baje, ya que este método se basa en las matemáticas.  


Una reputación injusta

En resumen, la venta en corto tiene una mala reputación que no está justificada. Es verdad que existen algunos inversores en corto que no son éticos, pero no la venta en corto en sí misma. Por eso, en lugar de evitar la práctica, ya que es cierto que puede generar beneficios tanto para el rendimiento de la inversión como para los estándares de gobierno corporativo, los inversores deberán asegurarse de comprender sus posibles usos en una estrategia así como las intenciones del profesional que hay detrás.

Las opiniones expresadas aquí son las de Duncan Lamont, director de investigación y análisis de Schroders y no representan necesariamente las opiniones declaradas o reflejadas en las Comunicaciones, Estrategias o Fondos de Schroders. Este documento tiene fines informativos exclusivamente y no se considera material promocional de ningún tipo. La información aquí contenida no se entiende como oferta o solicitud de compra o venta de ningún valor o instrumento afín en este documento. No se debe depositar su confianza en las opiniones e información recogidas en el documento a la hora de tomar decisiones de inversión y/o estratégicas. La información aquí contenida se considera fiable, pero Schroders no garantiza su integridad ni su exactitud. La rentabilidad registrada en el pasado no es un indicador fiable de los resultados futuros. El precio de las acciones y los ingresos derivados de las mismas pueden tanto subir como bajar y los inversores pueden no recuperar el importe original invertido. Las previsiones están sujetas a un alto nivel de incertidumbre sobre los factores económicos y de mercado futuros que pueden afectar a los resultados futuros reales.  Las previsiones recogidas en el documento son el resultado de modelos estadísticos basados en una serie de supuestos. Las previsiones se ofrecen con fines informativos a fecha de hoy. Nuestros supuestos pueden variar sustancialmente en función de los cambios que puedan producirse en los supuestos subyacentes, por ejemplo, a medida que cambien las condiciones económicas y del mercado. No asumimos ninguna obligación de informarle de las actualizaciones o cambios en estos datos conforme cambien los supuestos, las condiciones económicas y del mercado, los modelos u otros aspectos. Publicado por Schroder Investment Management Limited, Sucursal en España, c/ Pinar 7 – 4ª planta.28006 Madrid – España.