Cada vez hay más comparaciones entre Europa y Japón en materia de inversión. El motivo es que al Banco Central Europeo le está costando normalizar su política monetaria. De hecho, el organismo ha retrasado el endurecimiento de sus medidas y mantendrá, de momento, los tipos de interés en los niveles actuales. 

Uno de los principales motivos es que los indicadores de actividad han sido muy débiles en los últimos meses y la confianza empresarial ha disminuido, efecto que ha provocado un parón en las inversiones. 

Estas medidas no han sido del todo inesperadas. De hecho en su día descartamos cualquier subida de los tipos de interés durante el último trimestre de 2019. Sin embargo, lo que sí ha sido una sorpresa ha sido el momento en el que se han anunciado ya que, como se esperaba cierto crecimiento de la unión monetaria durante la segunda mitad de este año, muchos creíamos que el BCE esperaría un poco más antes de comunicar el retraso de las subidas.

Ante esta situación, el presidente del BCE, Mario Draghi, parece estar satisfecho al considerar que se ha anticipado a las expectativas del mercado ya que se suele pensar que reaccionar a los mercados es algo negativo mientras que adelantarse a los mismos es positivo, y sugiere que se dispone de un conocimiento superior. Además, garantiza que los inversores presten mucha atención a la comunicación. De ahí la satisfacción de Draghi. Sin embargo, en esta ocasión, parecería que la valoración del mercado sugería lo contrario, como se muestra en el gráfico a continuación.

Así, si analizamos la curva del OIS EONIA (el índice medio del tipo del euro a un día, fruto de las operaciones de crédito interbancarias) vemos que el mercado no estaba descontando ninguna subida de tipos hasta final de 2020.

Teniendo en cuenta este contexto, ¿qué impacto ha tenido el cambio en las previsiones del BCE? Casi ninguno. El gráfico muestra un poco de ruido a finales de 2019 y principios de 2020, pero los movimientos muestran menos de cinco puntos básicos y, por lo tanto, son insignificantes.

Como defensa, el BCE asegura que los mercados pronosticaron correctamente el cambio en sus previsiones. Sin embargo, en nuestra opinión esto no es cierto ya que los mercados apenas han cambiado su comportamiento en los últimos tres meses, que es cuando el BCE comunicó su intención de subir los tipos en 2019.

La realidad es que el BCE pensó que se estaba anticipando al mercado cuando en verdad su comunicación ha sido reactiva y apenas ha tenido un efecto en las expectativas del mercado en meses. Retrasar la subida de tipos y la retida de los estímulos de su política monetaria ha llevado a los inversores a creer que el status quo es el famoso “new normal”, que podría traducirse como el “nuevo paradigma”.

¿Cómo se traslada este hecho al mercado? Por un lado, tiene implicaciones para la rentabilidad de los bancos. Además, plantea serias dudas sobre los efectos redistributivos de la política del BCE. Por ejemplo, se cree que la flexibilización cuantitativa y los tipos de interés negativos han inflado significativamente los activos financieros. Dado que los activos como las acciones tienden a estar en manos de personas más acomodadas, muchos argumentan que las políticas del BCE han incrementado la desigualdad existente en la sociedad. El BCE afirma que el efecto secundario de su política se justifica por el impulso general al crecimiento económico, pero como organismo no electo, esto es muy controvertido.

Las comparaciones con la experiencia japonesa son cada vez más frecuentes, y es fácil entender por qué. El Banco de Japón no logró ajustar la política de manera convincente a lo largo de los años, y los inversores cuestionan si Europa va por el mismo camino y si los tipos de interés volverán alguna vez a territorio positivo.