Cada vez hay más pruebas de que la economía del Reino Unido está agotando su capacidad disponible. La mayoría
de los indicadores apuntan a una escasez en la mano de obra y reflejan las primeras señales de una considerable
inflación salarial. Entre ellos, se encuentran datos como la tasa de desempleo (que se encuentra en mínimos desde el
verano de 2008, en el 5,5% en abril) y encuestas que reflejan que las empresas cada vez tienen más dificultades para
contratar personal.

Esto sugiere que es posible que las compañías tengan que competir más entre ellas para contratar y retener a sus trabajadores. Esto debería desembocar en una aceleración del aumento de los salarios, algo que finalmente estamos empezando a ver.

La subida de los salarios ya está aquí

Para el conjunto de la economía, los salarios nominales medios crecieron un 2,7% en el primer trimestre del año en
comparación con el mismo periodo del ejercicio anterior: el mayor ritmo de crecimiento anual de las nóminas en tres
años, algo aún más sorprendente si lo comparamos con la inflación actual, de tan sólo un 0,1% interanual.

Los datos sectoriales ponen de manifiesto de forma más clara la presión en la mano de obra: en el último año, la
mitad de los sectores británicos aumentaron los salarios en, al menos, la tasa media de crecimiento de los cinco años
anteriores a la crisis financiera. La inflación salarial más alta se ha concentrado en aquellos sectores que más mano
de obra contratan, mientras que ha sido muy inferior en los que menos efectivos precisan.

El Banco de Inglaterra (BoE) mantiene una postura acomodativa... de momento

Los motivos del BoE para seguir siendo prudentes en lo que a los tipos respecta giran en torno al crecimiento de la
productividad. Desde 2008, el crecimiento de la productividad ha caído a cero y los expertos del BoE esperan que
esta variable se recupere con el tiempo.

Si esto ocurre, y a medida que la economía siga creciendo, la recuperación de la productividad reduciría la necesidad de contratar a muchos más trabajadores, lo que a su vez minimizaría las presiones adicionales sobre los costes salariales unitarios o la inflación, reduciendo así la necesidad de subir los tipos.

No obstante, si la productividad no se recupera, las empresas tendrán que realizar más contrataciones, lo que provocará un aumento de los salarios. Es entonces cuando la posibilidad de que se produzcan presiones inflacionistas aumenta, al igual que la necesidad de subir los tipos.

Con la inflación aún por debajo del límite inferior de la horquilla objetivo del BoE y sin que esté previsto que supere el
2% hasta finales de 2016 (según nuestros cálculos, porque el BoE pronostica que la inflación seguirá por debajo del
2% hasta mucho después), creemos que la primera subida de tipos tendrá lugar en febrero de 2016 (hipótesis que
aplazamos el mes pasado desde noviembre de 2015). 

 

Talking Economics se basa en el informe de Perspectivas económicas y de estrategia de Schroders, elaborado por el equipo de economistas de la firma: Keith Wade (economista jefe), Azad Zangana (economista para Europa) y Craig Botham (economista para mercados emergentes).