Evolución del endeudamiento del sector privado en España

En un contexto marcado por la contracción histórica de la actividad como consecuencia de la crisis del covid-19, la deuda consolidada del sector privado alcanzó 1.661.000 millones de € en el 1T (149,3% del PIB), repuntando un 3,1% respecto al mismo periodo de 2020 (1.611.000 millones de €; 130,3% del PIB). El aumento del volumen neto de la deuda, unido al desplome del PIB provocado por la pandemia, explican el incremento de la ratio de endeudamiento privado respecto al PIB.

Por sectores, se observó un comportamiento heterogéneo. Las sociedades no financieras aumentaron su deuda consolidada a 963.000 millones de € (vs. 906.000 millones de € en el 1T de 2020), representando un 86,6% de PIB. En contraste, en el caso de los hogares e ISFLSH (Instituciones Sin Fines de Lucro al Servicio de los Hogares) se redujo a 698.000 millones de € (vs. 705.000 millones de € anterior), situándose en un 62,8% del PIB.

A su vez, los flujos netos totales de financiación del sector privado ascendieron a 49.600 millones de € en los últimos 12 meses (4,5% del PIB) impulsados por el segmento de sociedades no financieras, que captó financiación por valor de un 4,7% del PIB. Frente a esta evolución, se observó una reducción de los compromisos de deuda de los hogares e ISFLSH hasta un -0,3% del PIB.

Por otro lado, la riqueza financiera neta de los hogares e ISFLSH alcanzó 1.635.000 millones de € en el 1T, repuntando un 8,6% frente al año anterior. Este incremento reflejó tanto al aumento de los activos financieros de un 5,4% como el ligero retroceso de los pasivos de un 0,1%. Este hecho, unido a la fuerte contracción del PIB acumulada en los últimos cuatro trimestres, explicó la significativa mejora de 25,2 pp en la ratio de riqueza financiera neta con respecto al PIB, que se situó en un 147% a finales de marzo.

or partidas, la evolución de los activos financieros totales mostró un aumento de la preferencia por el efectivo y los depósitos (0,9% interanual) y por las participaciones en fondos de inversión (1,9%), en detrimento de las participaciones en el capital (-2,9%). Así, en la composición de los activos totales destacó el peso de un 41,7% del efectivo y los depósitos (frente a un 40,8% en el 1T de 2020), seguido de las participaciones en el capital a pesar de su descenso respecto a marzo del año pasado (23,8% vs. 26,7% anterior). Por su parte, la partida de los pasivos mostró una cancelación neta de los préstamos equivalente a un 0,9% del total.

Respecto a las operaciones financieras netas del total de sectores residentes (pasivos netos contraídos en los últimos cuatro trimestres menos adquisiciones netas de activos financieros), también se observaron resultados dispares entre sectores en el 1T. Destacó el repunte del saldo de los hogares hasta un 8,1% del PIB (vs. 7,3% en diciembre de 2020), en contraste con la tendencia a la baja del de las Administraciones Públicas (-11,7% del PIB frente a un -11,0% a finales del año pasado). Por su parte, las operaciones netas de las instituciones financieras y las sociedades no financieras se mantuvieron prácticamente estables en un 3,2% y un 1,5% del PIB, respectivamente.

En el caso de las sociedades no financierasa pesar del significativo incremento de los pasivos contraídos en el último año por el deterioro de sus EBITDAs y su elevado grado de apalancamiento, su saldo neto se mantuvo ligeramente en positivo ante los procesos de descapitalización y carve-outs llevados a cabo principalmente por las empresas del IBEX 35, convirtiendo sus activos reales en activos financieros. En concreto, en 2020 el valor de este tipo de operaciones fue de 28.147 millones de €, estimándose que esta cifra ascienda a 47.108 millones de € en el conjunto de este año. Todo ello en un contexto en el que la deuda pública alcanzó un 125,3% del PIB en el 1T, 5,4 pp superior a su nivel de finales de 2020. En términos interanuales, el endeudamiento de las Administraciones Públicas creció un 13,7%, ascendiendo a 1.393.000 millones de €.

Senda al alza de la inflación en EEUU

En una coyuntura en la que gana protagonismo la evolución de la política monetaria a corto plazo, el avance del nivel de precios de EEUU ha superado las previsiones proyectadas en el escenario base de aceleración del crecimiento económico a partir del 2T.

En concreto, en junio el IPC de EEUU creció un 0,9% respecto al mes anterior, superando en 0,3 pp su registro de mayo de un 0,6% y alcanzando su mayor tasa mensual desde octubre de 1981. Una evolución apoyada principalmente por el tercer repunte consecutivo del precio de los automóviles de segunda mano de un 10,5% mensual (vs. 7,3% mes anterior), representando su mayor ascenso desde 1953. Un dato que explica aproximadamente un 30% del aumento de la inflación general y un 40% de la inflación subyacente. Paralelamente, también destacó el encarecimiento de los automóviles nuevos de un 2,0% mensual, al mismo tiempo que se incrementaron los costes de la energía (1,5%) y de los alimentos (0,8%) respecto al mes anterior. 

Así, la tasa anual de inflación subió 0,4 pp hasta un 5,4% (vs. 5,0% en mayo), situándose en su mayor nivel desde agosto de 2008 (5,4%). Este repunte continuó reflejando el aumento de los precios de la energía de un 24,5% interanual, si bien se moderó respecto al mes anterior por el menor el efecto base generado por la pandemia hasta mayo del año pasado.En este sentido, el coste de la gasolina mostró un incremento interanual de un 45,1 % (vs. 56,2% anterior). Paralelamente, respecto a junio de 2020 el mayor avance se situó en los vehículos y camionetas de segunda mano de un 45,2% interanual ante la persistencia de la contracción de la oferta de automóviles nuevos por la falta de suministros de semiconductores. Una circunstancia a la que se ha unido el repunte de la demanda por la relajación de las medidas de distanciamiento social, la reapertura de la economía y la preferencia por el transporte privado. 

Por su parte, la inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos por su carácter más volátil, aumentó significativamente hasta un nuevo máximo desde 1991 de un 4,5% anual (vs. 3,8% anual en mayo). Las mayores subidas de precios se produjeron además de en los automóviles de segunda mano (45,2%), en las tarifas de las aerolíneas (24,6%) y en alojamientos en hoteles (16,9%), dos de los sectores más afectados por las medidas de restricción de movilidad.

Esta tendencia al alza de la inflación en EEUU se enmarca en un contexto de fuerte repunte de la demanda ante las menores restricciones de movilidad, los avances en la vacunación y el tono expansivo de la política económica. Todo ello unido a la persistencia de las tensiones de oferta asociadas a la escasez de suministro de componentes intermedios y al aumento del coste de las materias primas básicas y del transporte de mercancías. No obstante, su evolución en los próximos meses estará condicionada no sólo por el patrón de la pandemia, sino también por el grado de normalización de las cadenas de valor globales y el dinamismo de la creación de empleo y del crecimiento económico a partir del 4T.

A su vez, será clave el porcentaje de empresas en EEUU que decida trasladar el incremento de costes de producción actual a los consumidores finales. Según el último dato del informe de National Federation of Independent Business sobre las expectativas de las pequeñas empresas, un 47% de los encuestados ha afirmado que prevé incrementar sus precios de venta, representando el mayor porcentaje desde 1981. 

Por otro lado, la evolución de la inflación sigue mostrando un patrón heterogéneo entre EEUU y la Eurozona, ampliándose su diferencial tras confirmarse que en la zona monetaria europea se moderó ligeramente a un 1,9% anual en junio (vs. 2,0% en mayo). En el caso de la inflación subyacente, en la Eurozona se mantuvo moderada en un 0,9% anual frente a un 4,5% anual en EEUU.

La evolución de la inflación, junto con la del empleo, serán determinantes en el debate de los miembros de la Reserva Federal para determinar cuándo comenzará la reducción de su programa de compras de activos. En este sentido, será relevante la tendencia del índice de precios del gasto de consumo personal (PCE), referencia de la Fed para medir su objetivo de inflación, proyectándose en junio un avance de 0,3 pp hasta un 4,2% anual (vs. 3,9% en mayo).

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