Perspectivas de inflación en la Eurozona a 2023

En un entorno en el que se confirma la aceleración del ritmo de crecimiento económico de EEUU y que la Eurozona ha iniciado su fase recuperación tras la doble recesión sufrida en el 1T ante las nuevas olas de la pandemia, uno de los focos de atención se mantiene en cómo transitará la inflación en este nuevo ciclo económico.

En este sentido, el dato preliminar sobre la evolución de los precios de la Eurozona en junio ha reflejado una ligera moderación en su avance a pesar de las presiones inflacionistas de oferta que persisten asociadas al encarecimiento de las materias primas básicas y del coste de transporte de mercancías y a la falta de suministro de inputs de producción clave. Un conjunto de factores a los que se unen el impacto de la reapertura económica, el repunte del consumo de los hogares y una mayor movilidad ante el progreso de los planes de vacunación nacionales. De ahí, que ante esta coyuntura siga creciendo el porcentaje de consumidores en la zona monetaria europea que prevé un incremento del coste de la vida en los próximos 12 meses.

En junio la inflación de la Eurozona se situó en un 1,9% anual, 0,1 pp inferior a su nivel del mes anterior de un 2,0% anual, nuevamente por debajo del objetivo a medio plazo del BCE. Esta evolución se explicó por el menor efecto base del precio de la energía, al mismo tiempo que también se redujo el incremento anual del coste de los servicios (0,7% anual vs. 1,1% anual en mayo). En contraste, se registró una aceleración del crecimiento de los precios de bienes no energéticos y de alimentos, alcohol y tabaco, principalmente ante el encarecimiento de las materias primas básicas.

Paralelamente, la inflación subyacente, eliminando alimentos no procesados y energía, se mantuvo constante en un 0,9% anual por segundo mes consecutivo.

Esta ligera moderación del crecimiento del IPC de la Eurozona tendría un carácter temporal ya que el BCE proyecta un nuevo repunte del nivel de precios a partir del 4T, principalmente por el efecto de la rebaja temporal del IVA introducida en Alemania en agosto del año pasado con el objetivo de estimular la demanda interna. Todo ello unido a las presiones de oferta asociadas a los problemas de suministro de insumos y el mayor dinamismo del consumo privado. Sin embargo, su tendencia continuará también condicionada a la baja si se mantiene la actual contención de los salarios y la apreciación del euro. Así, el organismo monetario europeo estima que la inflación se sitúe en torno a un 2,6% anual entre los meses de octubre y diciembre, y en un promedio de un 1,9% anual en el conjunto de 2021.

Por su parte, la progresiva normalización de las cadenas de valor globales y la moderación de los precios de la energía podrían favorecer la relajación de las tasas de variación del IPC de la zona monetaria europea a un 1,5% anual en 2022 y un 1,4% anual en 2023. No obstante, a pesar de que estas previsiones reflejan el carácter transitorio del repunte de la inflación, el tono expansivo de la política económica en Europa y el proceso de transición energética podrían contribuir a elevar su nivel a medio plazo.

A su vez, estas proyecciones muestran que las expectativas de inflación de la Eurozona se mantienen en niveles más moderados respecto a las previsiones de la Fed, que sitúan en el caso de la economía de EEUU el avance del nivel de precios en un 2,1% anual en 2022 y un 2,2% anual en 2023. Tanto la evolución de los precios como la recuperación retrasada de la Eurozona frente a EEUU podrían favorecer que el BCE mantenga el tono acomodaticio de su política monetaria hasta afianzar la fase expansiva de este nuevo ciclo económico. En este sentido, la autoridad monetaria europea aumentó nuevamente el ritmo de compra de activos la semana pasada hasta 24.300 millones de €, frente al promedio semanal de 16.649 millones de € en el primer semestre.

Un hecho que se produce en un entorno en el que no sólo la Reserva Federal, sino también otros bancos centrales de economías avanzadas como Reino Unido, Canadá, Suecia, Noruega, Corea del Sur y Nueva Zelanda, evalúan su estrategia monetaria a corto plazo.

Percepción sobre el entorno socioeconómico a raíz de la pandemia

En una coyuntura marcada por la mejora de las previsiones de crecimiento del PIB y de la confianza del sector privado en las principales economías avanzadas ante el avance de los planes de vacunación y la progresiva reapertura de la actividad, será clave determinar la percepción del impacto social real de la pandemia por sus implicaciones en el crecimiento económico, las relaciones internacionales y la estabilidad del ciclo político.

En este sentido, un reciente informe de Pew Research Institute realizado en 17 economías avanzadas a través de una encuesta a 18.850 personas entre el 1 de febrero y el 26 de mayo, muestra que los ciudadanos consideran que uno de los legados de la Crisis Global del Coronavirus es una sociedad más fragmentada. Así, mientras que un 34% de los encuestados señala que la crisis sanitaria ha generado una mayor unidad, un 60% piensa que, por el contrario, ésta ha dado lugar a una mayor división, aumentando considerablemente esta visión en el caso de Países Bajos, Canadá, Alemania, Francia y España frente a sus registros de 2020. Todo ello en un contexto en el que en EEUU se mantiene como el país con mayor grado de falta de cohesión entre los analizados.

Una de las causas que explica esta creciente falta de unidad reside en la valoración sobre las medidas de distanciamiento social adoptadas por los gobiernos, estimando aproximadamente un 40% de los encuestados que éstas han sido las adecuadas para controlar la crisis sanitaria. Sin embargo, existe un elevado grado de heterogeneidad a nivel nacional ya que en Japón, EEUU, Canadá y Reino Unido un porcentaje mayor cree que deberían haber sido más restrictivas. Una percepción que contrasta con la de Grecia, único país en el que un 43% de los ciudadanos considera que se debería haber optado por menores restricciones de movilidad.

Paralelamente, también se observa una evaluación asimétrica del impacto económico de la crisis del covid-19 entre los 17 países analizados, destacando la percepción más negativa de sus consecuencias en el caso de Europa. En concreto, mayoritariamente los ciudadanos de España (80%), Italia (74%), Grecia (72%) y Francia (71%) creen que la pandemia ha puesto de manifiesto los problemas estructurales que sufrían sus economías, superando significativamente al promedio europeo de un 58% y al de un 62% de los encuestados en EEUU que comparten esta visión. Un hecho que contrasta con Suecia y Países Bajos donde un 76% y un 64%, respectivamente, consideran que la recuperación se apoya en la fortaleza de su tejido productivo.

Por su parte, las economías de la región Asia-Pacífico muestran en su conjunto una evaluación positiva sobre las bases del crecimiento a futuro, salvo en el caso de Japón, percibiendo un 77% de sus ciudadanos que la crisis del coronavirus ha reflejado las debilidades de su modelo económico.

La negativa percepción económica de Europa no coincide con la valoración de la actuación de la UE para paliar los efectos de la crisis sanitaria, ya que un 48% considera que ha sido adecuada. No obstante, respecto al plan de recuperación Next Generation UE (806.000 millones de €) un 60% de los encuestados en Grecia estima que su cuantía es insuficiente para hacer frente a los futuros retos socioeconómicos. Un hecho que contrasta con otros países con elevados niveles de endeudamiento público como Italia, donde un 60% de los encuestados muestra que su diseño y la asignación de fondos son adecuados, cifra que alcanza un 65% en Suecia.

Todo ello unido a que la actuación de la UE ha contribuido a mejorar la imagen del proyecto europeo entre las 17 economías avanzadas analizadas, con una visión positiva en promedio de un 63% del total de encuestados. Entre los países extracomunitarios, las mejores valoraciones se registran en Canadá y Corea del Sur, mientras que se sitúan por debajo de la media en Japón, Singapur, Taiwán y Reino Unido. En este último caso, en un contexto en el que se mantienen las tensiones geopolíticas y comerciales en torno a la frontera de Irlanda del Norte tras el Brexit.

De esta forma, esta actual visión sobre la UE y su respuesta ante la pandemia será uno de los pilares clave para impulsar el multilateralismo y una mayor coordinación entre las economía avanzadas ante los retos globales relacionados con la desigualdad social, la estabilidad geopolítica, el cambio climático o la ciberseguridad, entre otros.

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