Las economías del G7 mantienen su momentum económico

Los datos de la OCDE han constatado en el 2T la aceleración del ritmo de crecimiento conjunto de las 38 economías que componen la organización hasta un 1,6% trimestral, frente al 0,6% registrado en los tres primeros meses de este año. A su vez, respecto al mismo periodo de 2020, marcado por el gran confinamiento de la población a nivel global ante la disrupción de la pandemia, la producción repuntó un 13,0% (vs. -0,3% interanual en 1T), manteniéndose todavía un 0,7% por debajo de sus registros de finales de 2019.

Una evolución principalmente explicada por el mayor dinamismo de la actividad en las principales economías avanzadas ante el avance de los planes de vacunación, la progresiva reapertura de los sectores de consumo social y el tono expansivo de la política económica. En este sentido, entre los meses de abril y junio los países del G7 registraron un repunte de su producción en línea con el de la OCDE de un 1,6% trimestral, 1,2 pp mayor al del 1T de un 0,4%, mientras que el de la Eurozona fue 0,4 pp superior al alcanzar un 2,0% trimestral (vs. -0,3% en el trimestre anterior).

En el caso de las economías del G7, el mayor avance del PIB en el 2T se registró en Reino Unido de un 4,8% trimestral ante el desarrollo de su plan de desescalada (vs. -1,6% trimestral en el 1T), seguido del de Italia de un 2,7% respecto a los tres primeros meses de este año (vs. 0,2% anterior). Por su parte, las menores tasas de crecimiento se produjeron en Japón (0,3% trimestral), Canadá (0,6%), único país que mostró un incremento de su producción inferior al del 1T, y Francia (1,1%), mientras que en Alemania y EEUU alcanzó en ambos casos un 1,6% trimestral.

A pesar de esta positiva evolución, únicamente la senda de crecimiento de EEUU permitió situar su nivel de producción un 0,8% por encima de su registro previo a la crisis sanitaria. En contraste, entre los países del G7, Reino Unido mostró la recuperación más retrasada, reflejando su PIB el mayor diferencial negativo respecto al 4T de 2019.

Esta aceleración del crecimiento en las economías del G7 se ha mantenido desde comienzos del 3T, con la única excepción de Japón donde la actividad se ha visto lastrada por el endurecimiento de las restricciones de movilidad ante el repunte de los casos a nivel nacional y el retraso de su plan de vacunación. Por su parte, a pesar de la nueva ola de la pandemia por la expansión de la variante delta a nivel mundial, tanto Europa como EEUU han mantenido el dinamismo apoyado principalmente en la mayor movilidad y el consumo de los hogares ante el periodo estival y el avance del proceso de inmunización de la población. Un hecho que constata la mayor adaptación del tejido productivo y socioeconómico a la crisis sanitaria.

No obstante, los indicadores de alta frecuencia semanal de la OCDE han reflejado una ligera moderación de la actividad a finales de agosto explicada no sólo por el inicio del calendario escolar, sino también por el incremento de la incertidumbre de los consumidores y de las empresas sobre la evolución de los precios y del suministro de las cadenas de valor en los próximos meses. Un conjunto de factores que pueden lastrar el dinamismo de la producción y de la creación de empleo y provocar una normalización anticipada de la política monetaria, como ya están desarrollando los bancos centrales de Noruega, Islandia y Rusia, entre otros.

Todo ello en un entorno en el que la recuperación global también podría verse condicionada negativamente por la revisión a la baja de las previsiones de crecimiento de las principales economías de la región Asia-Pacífico, como en el caso de China. Así, los datos de los indicadores adelantados de los gestores de compra de la potencia asiática en agosto han reflejado nuevamente la desaceleración de la actividad ante el deterioro de la situación epidemiológica a nivel nacional, con el PMI no manufacturero de la Oficina Nacional de Estadística (construcción y servicios) retrocediendo a 47,5 puntos y situándose en terreno de contracción por primera vez desde el 1T de 2020.

Por su parte, el PMI manufacturero cayó 0,4 puntos a 50,1 puntos, en línea con las estimaciones del consenso de mercado, destacando el descenso del subíndice de nuevos pedidos de exportación a 46,7 puntos (vs. 47,7 en julio). Paralelamente, el PMI Caixin manufacturero retrocedió hasta 49,2 puntos (-1,1 puntos respecto al mes anterior), situándose en terreno de contracción por primera vez desde abril de 2020. Una tendencia explicada principalmente por la escasez de contenedores y los mayores costes de fletes, a pesar de que algunos compradores extranjeros han anticipado sus pedidos de cara a la campaña de Navidad para evitar el riesgo de sufrir retrasos en los suministros.

En este sentido, según las estimaciones del FMI, el impacto combinado de nuevas olas del coronavirus, ante el retraso del proceso de vacunación en los países emergentes y en desarrollo, y de un menor tono expansivo de la política monetaria podrían reducir de forma acumulada el avance del PIB mundial en 4,5 billones de dólares hasta 2025 (equivalente a en torno a un 5,3% del PIB global de 2020).

Moderación de la confianza del sector privado en Europa

Los planes nacionales de vacunación contra el covid-19 se han extendido significativamente en Europa, elevándose por encima de un 50% la población que ha recibido la pauta completa de inmunización. No obstante, los gobiernos analizan la posibilidad de complementar el proceso de inmunización con una tercera dosis. Entre las principales economías europeas destaca España, donde el porcentaje de población con más de una dosis asciende actualmente a un 71% (vs. 59% en el conjunto de la UE y 52% en EEUU).

A pesar de estos avances, la propagación de la variante delta, especialmente a partir de julio, ha provocado un nuevo repunte de los casos diarios de contagio a nivel global. En Europa, frente a la mejora de la situación epidemiológica observada en las últimas semanas en países como Francia y España, continúa deteriorándose en Alemania y Reino Unido. En el caso de EEUU se mantiene la tendencia al alza, registrándose actualmente más casos diarios y hospitalizaciones que a comienzos del mes de febrero.

Esta situación ha llevado a los gobiernos a endurecer nuevamente las restricciones de la movilidad. Según el Stringency index, en algunos casos como Alemania, Francia y China las medidas actuales son más estrictas que las vigentes en agosto de 2020.

En esta coyuntura, marcada también por la persistencia de interrupciones en las cadenas de suministro y la escasez de inputs de producción, el encarecimiento de la energía y de las materias primas, se ha revertido la senda al alza que presentaban los indicadores confianza de los consumidores en la Eurozona.

En línea con la tendencia mostrada por la lectura preliminar de los PMIs de agosto, la confianza del sector privado en la zona monetaria europea ha mostrado signos de moderación tras alcanzar el mes anterior su máximo histórico desde que comenzó a elaborarse la serie en 1985. Así, el Índice de Sentimiento Económico de la Comisión Europea (ESI) retrocedió 1,5 puntos hasta 117,5 puntos (vs. 119,0 en julio), constatando el impacto de la expansión de la variante delta del coronavirus, de las presiones inflacionistas y de los problemas de suministros de las cadenas de valor sobre las perspectivas de los hogares y el tejido empresarial. Un conjunto de factores que, unido al fin del periodo estival, proyectan una moderación de la senda de crecimiento en el 4T y su normalización a partir de 2022, tras la aceleración de la actividad socioeconómica registrada entre los meses de julio y agosto.

Desde un punto de vista empresarial, con la excepción de la construcción y del comercio minorista, los sectores de actividad reflejaron una caída de la confianza sobre la evolución de la coyuntura a corto plazo. En concreto, el descenso del sentimiento económico fue más significativo en los servicios de 2,1 puntos a 16,8 puntos (vs. 18,9 en julio), mientras que en la industria cayó a 13,7 puntos (vs. 14,5 anterior) ante la persistencia de los cuellos de botella en las cadenas de valor globales y el encarecimiento del transporte de mercancías, entre otros factores.

Por su parte, las expectativas de los consumidores se contrajeron por segundo mes consecutivo hasta -5,3 puntos (vs. -4,4 en julio), un nivel similar al del pasado mes de mayo, ante las incertidumbres sobre el patrón de la pandemia, la tendencia de las presiones inflacionistas y las condiciones financieras a medio plazo. En este sentido, el dato preliminar de Eurostat ha mostrado en agosto un significativo repunte de la inflación de la Eurozona hasta un 3,0% anual (vs. 2,2% anual anterior), su mayor nivel desde 2011, destacando entre sus principales economías el avance del nivel de precios en Alemania (3,9% anual), España (3,3% anual) e Italia (2,1% anual), todas ellas por encima del objetivo del BCE de un 2% anual. A su vez, la inflación subyacente ha alcanzado un 1,6% anual en la zona monetaria europea, aumentando en 0,9 pp respecto a su registro de julio.

Todo ello en un contexto en el que aumenta el número de empresas que proyectan trasladar el incremento de los costes de producción generados por los shocks de oferta derivados de la Crisis Global del Coronavirus a los consumidores finales en los próximos tres meses. Un hecho que no sólo podría acelerar el crecimiento de la inflación en la zona monetaria europea, sino también generar un avance estructural del nivel de precios con implicaciones en la futura toma de decisiones de la política monetaria del BCE. En el caso del tejido empresarial alemán, en agosto esta tendencia se ha observado especialmente en la industria y el comercio minorista, mientras que se ha estabilizado en la construcción y los servicios.

Paralelamente, la moderación a la baja de la confianza del sector privado se ha producido en las cuatro principales economías de la Eurozona, si bien a un ritmo heterogéneo y manteniéndose por encima de sus registros previos a la crisis sanitaria. Francia ha mostrado la mayor contracción del ESI de 4,5 puntos hasta 111,9 puntos, seguida de la de Italia de 1,9 puntos a 117,7 puntos. En España, a pesar de sufrir una caída mensual menor de 1,2 puntos, los niveles de confianza de empresas y hogares continúan situándose significativamente por debajo de la media de la Eurozona (107,7 puntos vs. 117,5 puntos).

A corto plazo, junto a la evolución de la pandemia y las presiones inflacionistas, el sentimiento económico en la zona monetaria europea estará también condicionado por las elecciones generales de Alemania el próximo 26 de septiembre, el desarrollo del plan de recuperación Next Generation UE y el riesgo de una crisis migratoria de Afganistán, entre otros elementos. 

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