Canciones como “El final del verano” del Dúo Dinámico o “Días de verano” de Amaral nos advierten que, la estación del año preferida por adultos y niños ha llegado a su fin. Los primeros cambiarán el sol y la cervecita por la ropa de trabajo y los correos electrónicos. Mientras que los segundos dejarán a un lado la bicicleta y el pantalón corto y volverán a ponerse ese uniforme que tanto molesta cuando llevas las piernas repletas de rasguños veraniegos.

 

Sin embargo, los rasguños no son solo cosa de niños sino también de inversores. Nosotros hemos sufrido nuestro particular arañazo este verano en Prosegur Cash. Esta compañía dedicada al transporte y gestión de efectivo cayó un 20% en apenas dos sesiones, y se preguntarán ¿por qué?

 

Pues bien, Prosegur Cash no solo opera en España o Brasil entre otros, sino que desde 2001 también en Argentina. Los mercados de capitales y divisas de este país sudamericano se hundieron después de que Alberto Fernández, candidato kirchnerista, superara en las primarias al actual presidente Mauricio Macri. No obstante, toda esta tensión política es, por desgracia, habitual en Argentina. Prosegur Cash ha superado un “corralito” en 2001 y un “cepo cambiario” entre 2012 y 2015, y lo ha hecho con el mismo equipo directivo, que se ha encargado de generar valor año tras año. Además, se trata del líder de mercado en un país hiperinflacionario, con enormes crecimientos que compensan la depreciación de la moneda. Apenas tiene tesorería en moneda local y si le obligasen a tenerla lo invertiría en renovar la flota de blindados o comprar inmobiliario en zonas prime de Buenos Aires como ya hizo en el pasado. Pese a ello, el mercado ha dictaminado que la filial argentina de Prosegur Cash vale cero. En ese caso nosotros pensamos que la compañía vale un 50% más, pero es que tenemos argumentos, como los expuestos anteriormente, que nos indican que Argentina tiene valor y esto daría a la compañía un potencial mayor al 80%.

 

En ocasiones estos rasguños desaparecen con el paso del tiempo, pero en otras marcan nuestra piel de por vida, dejándonos una cicatriz. En nuestro caso, las cicatrices son errores de inversión que guardan lecciones de inestimable valor en su interior.

 

Nuestra última cicatriz tiene apellido francés, pero es una compañía inglesa encargada, entre otras cosas, de imprimir el papel moneda del Banco de Inglaterra, su nombre es De La Rue. Además, cuenta con otros dos segmentos, uno dedicado a la impresión de documentos de identidad y otro a la autentificación de productos. A primera vista, todos estos segmentos son muy sensibles para el cliente, en muchas ocasiones un Estado, por lo que no confiará en cualquiera. ¡Primer error! Sobrevaloramos la ventaja competitiva que tenía la compañía, ya que hay más competencia de la que inicialmente nos pensábamos, sobre todo cuando lidian con países en vías de desarrollo. Por lo menos es lógico asumir que si el cliente es un Estado, no tendrá problemas de cobro. ¡Segundo error! Venezuela era uno de sus clientes y pese a que quería pagar como siempre había hecho, las sanciones de Mr.Trump le impidieron hacerlo y De La Rue tuvo que asumir un fuerte deterioro. Bueno, al menos al estar Reino Unido en pleno BREXIT y ser una compañía británica ganará todos los concursos allí. ¡Tercer error! El importante concurso del contrato de pasaportes británico lo ganó la empresa franco-holandesa Gemalto.

 

Nuestra moraleja es que sobrestimamos la calidad del negocio y por ende el múltiplo que aplicamos, infravaloramos la potencial pérdida de contratos relevantes y/o problemas de cobro y subestimamos el cóctel explosivo que suponen unos directivos no alineados y un balance financiero delicado. Este error nos ha detraído rentabilidad, pero siguiendo nuestra filosofía de gestión, en cuanto detectamos que nos equivocamos deshacemos toda la posición, evitando pérdidas mayores.

 

A pesar de estos dolorosos aprendizajes, la cartera tiene actualmente un gran potencial de revalorización, mayor al 60%. Esto nos hace tener un optimismo justificado cuando miramos al futuro.

 

“Aprende del pasado para aplicarlo en el presente y no repetirlo en el futuro”. Anónimo

 

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