Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de América e imagen de los billetes de 100 dólares, decía: “Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo”. Esto último requiere mucho tiempo, en ocasiones incluso toda una vida, ya que debemos testear nuestras reacciones ante diversos sucesos e ir observando cómo varía nuestro comportamiento con el paso de los años.

 

Al igual que conocerse a uno mismo es un camino lleno de hitos que debemos ir encarando y superando, también lo es formarnos una imagen completa de una empresa. Para lograrlo es necesario aplicar una alta dosis de análisis y paciencia. Después de realizar el primer estudio de una compañía y ver que está muy infravalorada, es humano que nos invada la tentación de comprar inmediatamente, incluso un porcentaje relevante de la cartera. Sin embargo, esa reacción es natural pero no racional, de ahí la importancia de tener una metodología que nos guíe por dicho sendero.

 

La asignación de pesos es uno de los pilares clave de nuestra metodología. Nosotros partimos de la base que podemos estar equivocados, esto provoca que no nos creamos valedores de la verdad absoluta y así no tengamos más de un 5% de ningún valor en cartera. Además, para que una de nuestras empresas llegue a esa cota, es necesario que tenga un margen de seguridad superior al 50%, que el peor escenario posible no sea catastrófico y hayamos caminado juntos durante un tiempo, es decir, seamos accionistas desde hace tiempo y conozcamos bien el raciocinio que subyace tras cada una de sus decisiones. Esto implica que desde que realizamos nuestra primera inversión en una compañía hasta que esta forma parte de las principales posiciones pueden pasar meses e incluso años. 

 

Dos ejemplos claros son Prosegur Cash y Tubacex. Para seguir leyendo y consultar la carta completa pinche AQUÍ.