Hubo una vez un joven de una aldea china al que le regalaron un caballo por su cumpleaños. Feliz, el joven cabalgaba por los campos mientras los aldeanos se maravillaban, diciendo: “qué suerte tiene, ojalá tuviéramos nosotros un caballo”, todos excepto el maestro zen, quien se limitaba a decir “ya se verá”.

 

Pasaron unos meses y una tarde el muchacho, con muy mala suerte, se cayó del caballo rompiéndose una pierna. Con la pierna rota, no podía ayudar a sus padres en la cosecha y todo el pueblo se echaba las manos a la cabeza, diciendo: “qué desgracia más grande”, pero el maestro zen seguía diciendo” ya se verá”.

 

Al cabo de un tiempo estalló la guerra en la región y todos los jóvenes de la aldea fueron llamados al frente excepto el muchacho con la pierna rota. Los que quedaron en la aldea se alegraban por él, diciendo: “qué suerte tiene el muchacho” y cómo no, el maestro zen dijo” ya se verá”.

 

El péndulo emocional de los aldeanos lo encontramos también en los mercados. Si a comienzos del año pasado las bolsas temblaban por el difícil año que se preveía, en diciembre parecía que invertir en 2019 había sido un paseo triunfal. Los inversores, cual aldeanos, se suelen centrar en lo que ocurre en el corto plazo y una vez más se demuestra este mes de enero.

 

El péndulo ha vuelto a moverse con las caídas de las bolsas durante este comienzo de año debido al “Coronavirus de Wuhan”. En estos momentos este virus acapara todas las parrillas televisivas. Da igual la llamada a la calma de los expertos o que fallezcan muchas más personas cada año debido a la gripe común. El pánico, por lo que hemos podido observar, es más fácil y peligroso de propagar que el coronavirus.

 

Aunque se hayan conseguido unas buenas rentabilidades durante estos últimos años, todos nos fijamos solamente en las caídas de este mes. Tendemos a mirar aisladamente el paso de los años a través de las siglas YTD “year to date” o en castellano, rentabilidad del año hasta la fecha. Nos sentimos atraídos por estas tres letras como si de un neón luminoso de Las Vegas se tratase y dejamos de lado lo que con anterioridad se ha conseguido. Solamente nos fijamos en el aquí y el ahora. El corto plazo y la impaciencia de lo inmediato nos acaba atrapando.

 

Sin embargo, las inversiones, como nosotros las entendemos, deben pasar por el escrutinio de los años para ser consideradas como tales, sino en vez de invertir lo que estaríamos haciendo sería especular. La bolsa la componen empresas y comprar acciones es invertir en proyectos empresariales, ni más ni menos. El análisis, la paciencia y el tiempo deben ser nuestros aliados en este largo viaje.

 

Este mes para nosotros la palabra de moda no ha sido “coronavirus” sino “oportunidad”. Oportunidad de poder invertir en empresas con altos retornos y bajo precio debido a la exageración del corto plazo y el impacto de algo pasajero. Una de estas oportunidades ha sido Dufry, empresa líder en gestión de tiendas “duty-free” o en castellano, libres de impuestos. La cual se ha visto afectada por la disminución puntual de vuelos internacionales debido al temor por el coronavirus.

 

Ahora el miedo a que China se paralice ha lastrado a las bolsas y el péndulo está en el extremo del miedo. Desconocemos cuándo se volverá a mover al lado del optimismo, pero cuando lo haga pasándose de frenada y la euforia se vuelva a apoderar de los mercados, nosotros como el maestro zen, diremos…ya se verá.

 

"Para tener éxito invirtiendo es necesario entrar pronto, cuando las cosas están baratas, cuando hay pánico, cuando todo el mundo está desmoralizado" Jim Rogers.

 

 

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