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Solventis EOS: Balance anual (Diciembre 2019)

Solventis EOS: Balance anual (Diciembre 2019)

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2019 ha sido un año común, ya que ha constado de 365 días o, lo que es lo mismo, 31.536.000 segundos. En este espacio temporal, las protestas en Chile, Bolivia y Hong Kong o el caótico año electoral que hemos tenido en nuestro país han copado los titulares de los periódicos e incluso han sido trending topic en las redes sociales. Además, otros acontecimientos como el Brexit o la guerra comercial entre Estados Unidos y China han continuado, un año más, siendo protagonistas del telediario.

 

No obstante, no todos estos eventos tienen efecto en los mercados financieros, pues este depende de la magnitud global del tema en cuestión y del humor o sentimiento de los inversores en ese momento. Este último es muy volátil y cambiante: tan solo hay que echar la vista un año atrás y recordar el enorme pesimismo que se instaló en las bolsas a finales de 2018, a diferencia del optimismo que las ha aupado durante 2019. Así pues, el sentimiento de los inversores es observable pero incontrolable. Por ello, nuestras decisiones de inversión no van ligadas al estado de ánimo del mercado ni a modas y tendencias, sino que responden a los fundamentos de cada sector y empresa.

 

En ocasiones, este tipo de inversión tiene raíces amargas, ya que nos perdemos subidas de sectores en boga, como han sido el lujo (+50%) o las eléctricas (+40%) en este año que despedimos. Sin embargo, si somos pacientes y disciplinados en nuestras valoraciones, recogemos frutos muy dulces como ha sido el caso de la compañía noruega BW LPG o la española PharmaMar.

 

Nuestra particular travesía en BW LPG, que se dedica al transporte marítimo de gas propano y butano, ha sido tan agitada como didáctica. Iniciamos nuestra posición a mediados de 2018, comprando un 1,2% de nuestra cartera a un precio medio de 37 coronas noruegas (NOK). Tras profundizar más en las dinámicas de oferta y demanda del sector, decidimos doblar nuestra posición en noviembre de 2018 en torno a 35 NOK. Tan sólo 2 meses después, y sin nuevas noticias más allá del pesimismo generalizado, estaba cotizando en 23 NOK. En menos de un año las acciones habían caído casi un 40% (raíces amargas), si bien nuestra tesis de inversión permanecía intacta. ¿Resultado? Compramos más acciones. En el otoño de 2019, deshicimos completamente nuestra inversión en BW LPG a un precio medio de 50 NOK, ganando casi un 60% (frutos dulces) a nuestra inversión.

 

Otro ejemplo lo encontramos en la empresa biotecnológica PharmaMar. A mediados de 2017 compramos el 1% de nuestra cartera alrededor de los 3,6€ por acción. En noviembre de 2017 la empresa recibió un duro golpe al no ser aprobada la comercialización en Europa de su medicamento Aplidin. Tras esta mala noticia, la cotización llegó a 1,8€ por acción, una caída de más del 50% (raíces amargas). Debido a este evento revisamos nuestra valoración y llegamos a la conclusión de que a esos precios solamente el valor de su producto estrella Yondelis valía más que toda la compañía en bolsa y además nos regalaban toda su investigación en nuevas moléculas. En ese momento, doblamos nuestra posición hasta llegar otra vez a un peso del 1%. En 2019, la compañía presentó el dosier de registro a la FDA para la aprobación acelerada en Estados Unidos de su molécula para cáncer de pulmón de célula pequeña y firmó un acuerdo con Jazz Pharmaceuticals para su posterior comercialización en el país. En este año que finaliza, la compañía se ha revalorizado más de un 220%, acumulando nosotros unas ganancias de casi el 40% (frutos dulces) en nuestra inversión.

 

Estas dos empresas han tenido sus altibajos en bolsa desde que invertimos por primera vez, pero acabaron brillando con luz propia en 2019, ya que tal y como dice Charlie Munger, “las grandes sumas de dinero no se hacen comprando y vendiendo, sino esperando”.

 

Esa espera o paciencia es condición necesaria para cualquier inversor de largo plazo que se precie. Si tuviéramos que determinar cuánto tiempo se considera largo plazo, probablemente todos coincidiríamos que diez años es un período bastante aproximado. Pero si nosotros les preguntásemos si los últimos diez años (2010-2019) representan una década, ¿qué responderían ustedes?

 

 

¿Fin de una década o no?

 

Pues bien, hay respuestas para todos los gustos. Por un lado, encontramos a la Real Academia Española (RAE) que defiende que las décadas comienzan en un año acabado en 1 y terminan en un año acabado en 0, por tanto, en su opinión será el 31 de diciembre de 2020 cuando finalicemos esta década. Por otro lado, la Organización Internacional de Estandarización (ISO) considera que existió un año 0 y que la década ha llegado a su fin el 31 de diciembre de 2019. Para no herir sensibilidades de ningún tipo, haremos balance del último decenio (2010-2019).

 

Lo arrancábamos con una economía todavía convaleciente tras sufrir la mayor crisis financiera de los últimos 80 años. En ese momento la Reserva Federal (FED) inundaba la economía de dólares, con el objetivo de revertir la incertidumbre y desconfianza que se desencadenó tras la caída de Lehman Brothers, apenas dos años antes.

 

Mientras, en Europa se abría el debate de si se debía dejar caer algunos países e incluso romper el euro, tal y como muestran estas portadas de la afamada revista The Economist.

 

Cuando todo parecía perdido, el 26 de julio de 2012 una voz se alzó sobre el resto en Londres. Allí, el entonces presidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi, pronunció un contundente discurso sobre la irreversibilidad del euro y del que aún se recuerdan sus famosas palabras: “El BCE hará lo que sea necesario para proteger al euro, y créanme será suficiente”. Así fue. Esta promesa supuso un punto de inflexión en las bolsas europeas que en los tres años siguientes subieron más de un 70%.

 

Sin embargo, no todos los discursos son igual de convincentes y, si no, que se lo digan al ex-primer ministro británico David Cameron. En el verano de 2016, convocó un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (UE) con la intención de presionarla y con la falsa seguridad de que la respuesta sería permanecer en ella. Finalmente, la jugada le salió mal y sus compatriotas votaron salir (Brexit). Esto supuso una gran sorpresa y provocó una enorme caída en las bolsas mundiales.

 

Por si esto no fuera suficiente, 2016 nos aguardaba otra sorpresa: Donald Trump fue elegido Presidente de Estados Unidos. La reacción inicial de los mercados fue negativa, pero desde su elección las bolsas norteamericanas se han revalorizado casi un 50%.

 

Estos y otros eventos han marcado un decenio lleno de retos, cambios y novedades. En ese camino hemos aprendido multitud de lecciones de las que nos gustaría destacar dos: el valor de la preparación y la adaptación.

 

Por un lado, la preparación implica ser escéptico y no dejarse llevar por encuestas ni titulares. Sirva como ejemplo el Brexit. En este caso, la opción más cómoda hubiera sido aceptar que Reino Unido iba a permanecer en la UE, tal y como anticipaban todos los sondeos. Nosotros desestimamos esa opción, y nos sumergimos en un análisis de empresas que, independientemente de lo que eligieran los británicos, seguirían adelante. Gracias a este estudio, tuvimos muy claro qué empresas comprar cuando todo empezó a caer de manera indiscriminada. Aprovechamos para incrementar nuestra posición en Grifols cuando caía casi un 10% y comprar Ryanair tras un descenso del 15% en un solo día. En esos momentos de pánico generalizado es cuando el trabajo previamente realizado genera más valor.

 

Por otro lado, el arte de la adaptación resulta imprescindible en un mundo tan cambiante como el actual, si bien debemos distinguir entre cambio y moda. Por ejemplo, un cambio ha sido pasar de comunicarnos a través de correos postales o llamadas telefónicas a hacerlo a través de redes sociales. Sin embargo, el uso de una red social u otra es una moda: MySpace, Tuenti o Messenger pueden dar buena cuenta de ello. Por ello, nuestra atención está puesta en los cambios estructurales que ocurren en las industrias y no en la moda de turno.

 

Uno de estos cambios lo está viviendo la industria del automóvil debido a su particular digitalización. En los coches comienza a tener más relevancia el componente tecnológico (software, aplicaciones, conectividad…) que el componente técnico (motor, aerodinámica…). Esto sucede porque las necesidades de los consumidores han evolucionado con el paso del tiempo, y los fabricantes de coches se ven obligados a satisfacerlas. Sin embargo, no tienen capacidad para hacerlo solos y necesitan ayuda de consultores tecnológicos como los que provee Akka Technologies, una de las principales posiciones de Solventis Eos. Igual que las empresas evolucionan y se adaptan, como gestores nosotros debemos hacer lo mismo. Si somos dogmáticos moriremos en el camino, mientras que si tenemos la mente abierta, seremos capaces de adaptarnos y salir reforzados de cada cambio.

 

La paciencia, preparación y adaptación son parte de la esencia de Solventis Eos. Gracias a estos principios hemos logrado una revalorización acumulada cercana al 85% en los últimos 10 años, mientras nuestro índice de referencia con dividendos (Eurostoxx 50 NR) conseguía menos del 70%. Desconocemos si los próximos diez años serán más o menos rentables que estos últimos diez, pero sí que pueden estar seguros de que velaremos en todo momento por sus ahorros, porque de hecho están junto a los nuestros.

 

Como siempre, aprovechamos para agradecerles su confianza, que es nuestra mejor inversión.

 

Les deseamos un excelente 2020

 

Para seguir leyendo la carta pinche Aquí

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