El enfoque a la hora de invertir en renta fija tiene sus diferencias con la renta variable, ya que, aunque lo principal es igual, comprar cuando el precio esté “barato” y vender cuando cotice al precio que tenemos marcado como objetivo, para los bonos la prioridad es que el emisor cumpla con sus compromisos de pago mientras tengamos el activo en cartera. Por ello, una parte muy importante del análisis de la renta fija está relacionado con los flujos de ingresos y pagos.

Bien es cierto que una parte del trabajo podría venir dado por las calificaciones que otorgan las agencias de rating, pero, por un lado, no todas las emisiones tienen una calificación crediticia, y por otro, hay ocasiones en las que la realidad sorprende a estas agencias antes de que ellas detecten lo que esté pasando y realicen modificaciones en su clasificación.

Vamos a centrarnos, principalmente, en la deuda corporativa porque prácticamente siempre suele ser más rentable que los bonos de gobierno. No conviene olvidarse por completo de la renta fija pública y aprovechamos para mencionar que en su análisis hay que tener muy en cuenta la evolución económica del país, datos como el PIB, el desempleo, la presión fiscal, el crecimiento económico, etc., así como ratios como deuda pública sobre el PIB. Con ello, podemos hacernos una idea de la capacidad que tiene el país de hacer frente a sus compromisos financieros.

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