Será el común denominador de casi todos los políticos actuales. Decepcionan. Y mucho. Llegan a alcanzar un nivel tan elevado entre la ciudadanía que mejor sería que se fueran. Todos. O casi. Alguna excepción habrá. Hay varios que son de medalla.

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Estos días, el primero, es Rodrigo Rato, 'el Rata', como le han llamado en Irlanda. De ser el hacedor del 'milagro económico español' ha pasado a ser denostado por todos, sobre todo por su partido, el PP. Antes le llovieron loas y coronas. Incluso doctorados. De todos los 'mandamases' del PP. Todos. Cospedal, Esperanza, Mato, Montoro, González, Aznar, etc.. Todos. Le dieron cargos y y le nombraron consejero de casi todas las multinacionales españolas. Le devolvieron dinero por los favores prestados antaño. Hoy el Servicio Ejecutivo de Prevención y Blanqueo de Capitales (Sepblac), dependiente de Economía, lo investiga por posible blanqueo de capitales. ¡Qué decepción!

Otra gran decepción nacional ha sido Jordi Pujol. Tanto 'president' y se lo llevaba crudo. Vamos, que hizo de Cataluña el barrio chino de Andorra. Aumentar y aumentar su fortuna. ¿O fue heredada? Se lo montó bien. No daba la brasa con eso de la independencia si a cambio nadie lo vigilaba y lo dejaban operar a gusto. Y tan a gusto. Treinta años llevándoselo crudo. El mayor 'trincón' de los virreyes nacionales. ¿No habría que inspeccionar al resto de virreyes? ¡Qué decepción!

En Valencia eso de la corrupción es el pan de cada día. Camps y Costa, máximos mandatarios de la Comunidad, imputados por Gürtel. Madrid casi es mejor no tocarlo. Todo el entramado de la Comunidad, con los hombres pegados a Esperanza Aguirre, imputados por Gürtel. Y Bárcenas. Y los sobres de dinero repartidos en el PP. ¡Uf! ¿Estará alguien limpio? Permiso para dudarlo. Y Matas, Chaves y Griñán. Son más de 300 los políticos imputados, pero sólo hay uno condenado. ¡Qué decepción!

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Sin olvidar el 'Caso Nóos' que salpica a la familia Real y ya desprende un olor a cloaca que repugna. El dinero parece que lo corrompe todo. Incluso a los reyes. ¡Qué decepción!

Las leyes son suyas y los jueces sus amigos. De ahí que se vayan librando de penas y de cumplirlas. Y de devolver lo robado. A nosotros, a los parias, sólo nos queda la dignidad. Pero es nuestra. Como la decepción por los políticos admirados que han caído al fondo del fango. Como la decepción ante la Justicia que ni condena, ni obliga a la devolución de lo robado, ni juzga con rapidez e independencia. Nos queda una esperanza: "La revolución de los Ángeles". Pero con final feliz. ¡Gran decepción!

 

Eladio del Prado


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