Como muchos de los lectores y usuarios de Unience ya saben estamos creando la 1ª sicav nacida íntegramente de las Redes Sociales. En este momento ya somos 586 accionistas con un capital comprometido de 5.049.000 €.

En teoría, y en la finalidad y espíritu del legislador, somos el ejemplo paradigmático de lo que tendría que ser una Sicav: una institución de inversión colectiva que permite a pequeños y medianos ahorradores acceder a una gestión profesional con una tributación igual o equivalente al resto de IIC.

Entonces ¿Porqué todavía no hemos logrado constituir la Sicav?, ¿Qué nos impide entonces constituirla si multiplicamos x6 el número mínimo de accionistas y x2 el capital mínimo legal requerido? ¿Verdaderamente la legislación contempla y favorece casos como el nuestro?.

Como dice con acierto David Cano la Sicav es una de las mejores vías para democratizar la gestión de las finanzas personales pero yo considero que faltan algunos avances sustanciales para poder afirmarlo con rotundidad.

Si considerabáis que el capital y el número de socios era la única barrera existente para constituir una Sicav podéis seguir leyendo este post.

I- PARADOJAS LEGISLATIVAS

Voy a intentar demostrar en este post que la actual legislación crea una serie de barreras a proyectos como el nuestro que serían fácilmente superables por una voluntad favorable del legislador:

1º Primera paradoja: Constitución de una Sicav nueva

El camino lógico y deseable de nuestro proyecto colectivo sería poder constituir nuestra propia Sicav.

Ahora bien, una lectura atenta del Título II, Capítulo I del Real Decreto 1082/2012 de 13 de Julio sobre Instituciones de Inversión Colectiva, muestra que el sistema hace prácticamente inviable esta opción en el caso de que los accionistas constituyente sean, como es en nuestro caso, 600.

Cuando se constituye una Sicav previamente hay que elaborar un expediente que se valida en la CNMV. Parte de ese documento hace referencia explícita a los fundadores a los que se les relaciona e identifica claramente con la cantidad aportada. Esta relación de accionistas fundadores es una parte sustancial del expediente que aprueba la CNMV y constituye un documento fundamental para el fedatario público (Notario) que intervendrá en la constitución.

¿Cual es el problema?

Si uno, tan sólo uno, de los socios relacionados cambiara de parecer y no participara en el acto fundacional, el Notario no podría validar y autorizar lo previamente aprobado por la CNMV por lo que el expediente no podría prosperar.

Es una situación de alto riesgo que ocurre cuando participan tantos inversores.

Y aquí aparece la primera paradoja legislativa: una institución de inversión colectiva que en teoría está pensada para aglutinar a 100 inversores reales encuentra un escollo legal impuesto por el mismo sistema. Cosa obviamente que no ocurre cuando de un gran patrimonio o grupo familiar se trata dado que en ese caso los accionistas fundadores se limitan a unas pocas personas.

Además en el momento de la constitución el capital debe estar íntegramente suscrito y desembolsado.

 

¿Qué modificación legislativa debería introducirse para favorecer a las instituciones de inversión colectiva con ese número de socios?.

Basta para ello fijarnos en la legislación desarrollada en otros países. En este sentido, por ejemplo, el artículo 42 de la Ley 2008 que regula los Organismos de Inversión Colectiva (OIC) del Derecho Andorrano podría ser un buen ejemplo donde mirarse. Así:

Una Sicav en Andorra se constituye una vez obtenida la previa autorización con una o varias aportaciones iniciales por parte de la Sociedad Gestora, accionistas o entidad depositaria.

En la fecha de constitución la Sicav debe tener cubierto como mínimo el 10% del patrimonio mínimo establecido ( en el caso de Andorra es 125.000€).

La Sicav tiene un plazo de 6 meses para conseguir alcanzar el capital mínimo legal ( 1.250.000€) desde el inicio de actividad de la Sicav.

 

Pese a no llegar a estas condiciones tan ventajosas el sistema legislativo español en materia de instituciones de inversión colectiva sí que podría “facilitar” la constitución de una Sicav que responde a la verdadera esencia para la que fueron creadas. Estas medidas podrían favorecer la “constitución progresiva” de la misma dando un plazo ( que incluso podría ser tan breve como 1 ó 2 meses) para incorporar a todos los socios fundadores. El procedimiento podría ser iniciado por la Sociedad Gestora individualmente o por ésta junto al accionista o accionistas promotores.

 

2º Compra de una Sicav ya existente

Dado el gran impedimento formal con el que nos encontramos al aglutinar a un número tan elevado de accionistas en el momento de la firma la única alternativa actual con la que podemos contar es con la compra de una Sicav ya existente.

Los motivos por los que una Sicav puede estar a la venta son diversos: accionistas que desean abandonar el producto de ahorro, haber descendido por condiciones de mercado o accionistas del mínimo legal requerido de capital o miembros, etc.

El benefico “ a priori” para vendedor y comprador son obvios: uno evita los gastos asociados a la liquidación de la Sicav y otro accede a un producto ya constituido evitando trámites legales.

Pero he aquí la 2ª paradoja legislativa con la que nos encontramos: Esta opción debería ser una opción y no la única forma posible de poder constituir una Sicav para nosotros.

Además ello conlleva que nuestra decisión de crear este vehículo deba enfrentarse a las leyes de economía de mercado: dependerá de que en el momento que optemos para constituirla haya Sicav disponibles a la venta y, por lo tanto, en caso de haberlas debemos someternos a las leyes de la oferta y la demanda lo que se traduce en el precio que nos pueden cobrar por ella. Eso, lectores, también es una barrera de entrada.

 

3º Gran patrimonio constituye una Sicav

También existe algo más heterodoxo como el hecho de que un gran patrimonio constituya una Sicav para luego dar cabida al resto de accionistas.

 

Y aquí aparece la 3ª paradoja legislativa: ¿No pretendía el sistema que la Sicav fuera una verdadera institución de inversión colectiva no dependiente de un gran patrimonio? ¿No buscábamos la democratización de este producto?.

¿No sería más lógico que en un caso como el nuestro y otros similares el legislador nos permitiera a la Sociedad Gestora o depositaria constituir la Sicav con una pequeña parte del capital mínimo con el compromiso de que al finalizar el expediente estuviéramos dentro el resto de accionistas?.

Como véis sólo es falta de voluntad del legislador.

II- CONCLUSIONES

Durante las últimas semanas ha surgido con fuerza otra vez el debate sobre los argumentos “ a favor” y “en contra”  de las Sicav. Es un tema recurrente durante los últimos años. Curiosamente a las primeras críticas feroces contra esta institución por su beneficiosa fiscalidad surgieron rápidamente argumentos a favor sin fisuras. Pero, como siempre, en el término medio está la virtud y, pese a estar de acuerdo en que la fiscalidad es la adecuada y no se crea ningún agravio comparativo, lo cierto es que habría que incorporar determinadas modificaciones legislativas para convertirlas en verdaderos instrumentos de inversión colectiva.

Como señala con acierto David Cano en “El pequeño ahorrador y las Sicav”, una Sicav es una de las mejores vías para democratizar la gestión de las finanzas personales.

David Cano, al igual que Daniel Lacalle en “ El cuento de las Sicav”, argumenta que cualquier inversor puede participar en cualquiera de las más de 3.400 Sicav existentes en España. Pero lo que David Cano, Daniel Lacalle y otros autores realmente exponen es que cualquier inversor puede participar “pasivamente” en una Sicav. Pero nosotros lo que pretendemos es ser “proactivos”, es decir, crear nuestra propia Sicav aglutinando accionistas y capital y definiendo nuestra política de gestión.

En este sentido el sistema, por su propio redactado formal, no favorece esre proceso.

Daniel Lacalle llega a sostener que llamar “mariachis” o “comparsas” a los accionistas que acompañan a un gran inversor en una Sicav es ignorar los conceptos de inversor minorista, gestor y estratega.

Desconozco, y en ese caso pido perdón, si Daniel Lacalle habla de Sicav europeas pero en España esa forma de proceder es muy común y cualquier sociedad gestora se lo podría confirmar. Es precisamente el utilizar una institución de inversión colectiva con un inversor individual lo que ha motivado la mala prensa de estos instrumentos.

Para ello bastaría introducir pequeñas modificaciones legislativas como el requisito de participación colectiva mínima de tal forma que, a parte del número mínimo de partícipes, se limitara el porcentaje individual de participación en una Sicav.

III- PROPUESTA DE MODIFICACIÓN LEGISLATIVA

La Sicav es un gran instrumento que permite a pequeños y medianos ahorradores acceder a una gestión profesional con una tributación igual o equivalente al resto de IIC (evitándose así, como dice el abogado Pérez Pombo, distorsiones artificiales por razón de norma tributaria). Y, como dice el citado abogado, 

“para solventar el uso o abuso de unos pocos, no es cuestión de imponer tributaciones demagógicas, sino que basta con introducir leves reformas a la normativa reguladora de las IIC, por el bien de todos”.

 

Por lo tanto si lo que pretendemos es favorecer la creación y buen funcionamiento de esta institución debería el legislador:

Favorecer el proceso de constitución y registro de una Sicav formada por un número elevado de accionistas pequeños y medianos reales al igual que hacen otras legislaciones europeas de nuestro entorno. Un proceso de constitución “sucesiva” que hiciera el proceso más simple sin mermar el rigor y la garantía.

Y modificar el requisito de participación colectiva mínima. Es decir, el porcentaje individual de participación en una Sicav (por ejemplo, que ninguna persona física o grupo familiar participe, directa o indirectamente, en el capital social de una Sicav por encima de determinado porcentaje).

IV- NUESTRO CASO: INCUBADORA DE GESTORES

Obviamente a estas alturas muchos de vosotros ya habréis intuido que este post ha sido redactado basado en la experiencia que estamos encontrando para la constituir la Sicav. No es fruto de mera teoría o lecturas fragamentadas de un blog, manual o publicación.

Estamos inmersos en una completa y constante barrera de obstáculos. Pensábamos que aglutinar 100 accionistas y 2.400.000€ sería la barrera más difícil pero la realidad nos está mostrando que pese a haber llegado a 600 accionistas y más de 5 millones € todavía hay más barreras que saltar.

Durante el largo periodo que estamos inmersos hemos visto constituir ya 3 Sicav donde el capital mayoritario era aportado sólo por unos pocos accionistas.

El sistema no nos facilita la constitución de una Sicav pese a representar, a mi juicio, la esencia misma de este instrumento.

Dado que el legislador va a ignorar completamente este post y no va a introducir, por lo menos en el futuro inmediato,las leves modificaciones que hemos sugerido sólo nos queda  hacer un llamamiento a Agencias de Valores, Sociedades, Family Offices y otras entidades para ayudarnos a localizar una Sicav a la venta.

Comentaros a todos los accionistas que seguimos firmes en nuestro propósito de constituir la 1ª Sicav nacida en Europa de las Redes Sociales. Sólo quiero advertir que ahora dependemos de que un producto esté disponible a la venta.

Seguimos luchando con la misma ilusión.