Esta crisis ha golpeado muy fuerte a los inversores que habían confiado sus decisiones a los bancos sin cuestionar o hacer demasiadas preguntas. En USA la crisis de confianza en los bancos y sus asesores es, a mi juicio, mayor que en España. The Wall Street Journal analiza en éste articulo los cambios que se están produciendo en el asesoramiento financiero y lo complejo del camino delante nuestro. Creo que se trata de una revolución silenciosa que puede devolver el poder al inversor, tras demasiados años de abusos de la banca.
El éxito de la esta revolución dependerá de:
  • La complejidad de buscar a un asesor. Poco asesores en España han impuesto su criterio profesional a las ordenes comercializadoras de los bancos para los que trabajaban y por tanto no han conseguido clientes fieles. A día de hoy apenas existen asesores independientes. Los países anglosajones nos ganan en  regulación y transparencia, aquí queda mucho trabajo por hacer.

  • La transparencia de los ingresos del asesor para el cliente. Hasta ahora demasiados ingresos estaban ocultos para el cliente que no pagaba comisiones explícitas al banco. Siendo mal pensados intuimos que el principal (y único) criterio de idoneidad de un producto para el cliente es la comisión de comercialización que obtiene el banco por parte de una gestora.

  • El asesoramiento financiero independiente a los pequeños inversores carece de modelo de negocio probado a diferencia de otras situaciones como los Familly Office. Es necesario ver que tipos de ingresos los clientes están dispuestos a pagar ( porcentaje sobre beneficios, o sobre patrimonio, etc...) y en que volúmenes (que capital mínimo se necesita para rentabilizar los consejos).

Esperemos que Unience ayude a cambiar las bases de este negocio y que los Uniencers tengamos voz en este proceso de democratización de las ganancias financieras y no sólo en la asunción de las pérdidas por decisiones de terceros.

PD. En cuanto a los empleados de banca y el valor de su imagen; os recomiendo leer este post de Seth Godin que afirma que un profesional que se beneficia de la imagen de la empresa para la que trabaja cuando las cosas van bien, también tiene que asumir el desgaste en su prestigio que supone las malas prácticas de su empresa.