LA INVERSIÓN SOCIALMENTE RESPONSABLE Y EL CROWDFUNDING

24 de abril de 2013

Ya desde antes del comienzo de la crisis en la que vivimos inmersos, sumergidos, empezaron a aparecer alternativas de inversión para particulares que iban más allá del simple retorno financiero e incorporaban aspectos sociales y/o medioambientales. Sin embargo, las pequeñas y medianas empresas (PYMEs) que sostienen nuestra economía siguen siendo ampliamente excluidas de estas alternativas.

Inicialmente fue la banca ética (con entidades como Triodos o cooperativas de crédito como FIARE) la que ofrecía productos de ahorro que, con rentabilidades algo menores, financiaban determinados tipos de empresas (cooperativas, empresas de inserción laboral) o sectores (energías renovables, asistencia social, etc.). Como se puede ver, un amplio espectro de sectores de la economía productiva (pequeñas industrias, tiendas, etc.) y tipos de empresas quedan fuera de su ámbito de actuación.

A medida que la demanda de estos productos de inversión crecía, apareció el concepto de Inversión Socialmente Responsable. Se trataba de invertir en empresas que hacían negocio y ofrecían un retorno atractivo a sus accionistas pero sin perjudicar a su entorno (trabajadores, comunidad, medioambiente, etc.). De nuevo, las PYMES (y los pequeños inversores) no podían acceder a este mecanismo: las inversiones se realizan normalmente a través de fondos de inversión que invierten en empresas cotizadas en bolsa y el mercado español de la inversión responsable está dominado por grandes inversores institucionales que representan el 97 % de los activos gestionados.

Más recientemente ha aparecido el concepto de inversiones de impacto ( Impact Investments). Las inversiones tienen un claro objetivo social y/o medioambiental (p.ej. acceso al agua, la vivienda, educación, etc.) pero el inversor espera recuperar el capital invertido (normalmente para poder financiar otros proyectos). Es un modelo cada vez más habitual en las grandes entidades filantrópicas o con objetivos sociales (p.ej. fundaciones, asociaciones, etc.) pero de momento fuera del alcance de las personas individuales.

¿Qué aporta el crowdlending a todo este abanico de soluciones?

Principalmente permite al inversor escoger directamente las empresas en las que invertir y establecer la rentabilidad que considere oportuna, priorizando o no los criterios financieros por encima de los sociales o medioambientales. La inversión es directa, es decir, ya no es necesario hacerlo a través de fondos de inversión u otras entidades financieras. Esto no sólo genera menores comisiones de gestión sino también mucha más transparencia.

Además, se puede financiar directamente a pequeñas y medianas empresas en cualquier sector de la economía productiva. ¿Acaso una zapatería o una panadería no son actividades perfectamente legítimas y necesarias? ¿Una sociedad limitada es necesariamente peor que una cooperativa? La transparencia (y la capacidad de decisión) permite que cada persona dé su propia respuesta a estas preguntas y decida dónde quiere invertir.

Siempre queda la pregunta de si es necesario un análisis explícito de la responsabilidad social de las empresas o excluir determinados sectores. Si consideramos el pequeño tamaño de éstas empresas (menos de 50 trabajadores) y la información proporcionada (incluyendo incluso el nombre real de la empresa), creemos que es relativamente sencillo tener una idea del impacto social y/o medioambiental. ¿Qué formas podemos encontrar para ser más transparentes en este aspecto? Sin duda, uno de los retos que tenemos por delante.

Escrito por Carles Escolano, co-fundador de Arboribus.

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