Una de las preguntas más repetidas que nuestros clientes nos vienen haciendo a los consultores financieros desde diciembre es: Pero, ¿cuánto van a durar las caídas?; ¿cuál es el límite?

En primer lugar y, antes de dar algunos datos que nos pueden ayudar, debemos tener en cuenta que nuestro trabajo empieza definiendo los objetivos y necesidades de nuestros clientes, estableciendo un horizonte temporal a su inversión y midiendo su tolerancia al riesgo.

Dando por hecho que esta parte de nuestro trabajo la hemos desarrollado correctamente y, que para horizontes temporales de largo plazo (10 años o más) hemos seleccionado la renta variable global como activo más seguro, vamos a entrar en una serie de consideraciones que nos pueden ayudar a comunicarnos con los clientes (que lógicamente, por desconocimiento y bombardeo de noticias, nos solicitan asesoramiento).Para ello me apoyo en una serie de datos históricos:

En los últimos 10 años, el índice S&P 500 ha conseguido una rentabilidad superior al 60%, con caídas de hasta el 44% si se no se tuvieran en cuenta los 20 mejores días.
Prácticamente en los últimos 100 años del mercado estadounidense, se han producido 19 mercados alcistas con un rendimiento medio de, aproximadamente, el 73% y 20 bajistas del -33 %.
En casi 200 años de historia de la bolsa americana, y con una inflación media del 4%, la renta fija ha promediado un 5% de rentabilidad anual frente a un 10% de los mercados de renta variable (extrapolable a cualquier otro mercado financiero de países desarrollados).

Podemos concluir, sin temor a equivocarnos, que los mercados alcistas han batido históricamente a los bajistas y que tratar de adivinar haciendo market timing nos conlleva con casi total seguridad a equivocarnos. Los mercados son históricamente alcistas en más del 70% del tiempo y en ese periodo hay días críticos de subida que no debemos perdernos.

Si estamos invirtiendo en renta variable a largo plazo, una correcta diversificación, un adecuado análisis del perfil de riesgo del inversor, un apropiado conocimiento de sus objetivos y una compra periódica de participaciones nos aseguran, casi con certeza, el riesgo nulo.

Si nos guiamos por nuestras emociones, salvo en honrosas excepciones, vamos a comprar caro y vender barato. Es psicológicamente natural en el ser humano; el inversor de a pie se suele equivocar de manera reiterada en el market-timing.

¿Es posible que el primer inversor de historia fuera Séneca cuando dijo aquello de “No hay viento favorable para el que no saben a donde va"?

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