Somos animales que perseguimos explicaciones, tendemos a pensar que todo tiene una causa identificable y aceptamos la más aparente como la correcta. Esta característica humana nos convierte en pésimos con la estadística y los grandes números.

La mayor parte de las decisiones de inversión no son racionales; son emocionales y sesgadas. Parafraseando al novelista Joseph Conrad: “La vida no puede observarse muy de cerca”.

La racionalidad susurra que deberíamos invertir en renta variable, ya que este ha sido el activo más rentable históricamente y es probable que continúe siendo así.

Los datos muestran que un “portfolio” compuesto por valores cuyos beneficios tienen una tendencia mediocre bate a una cartera con valores cuyos beneficios crecen de forma excepcional. (Los valores mediocres suelen estar denostados, el mercado sobre reacciona a la baja y su precio cae de manera abrupta por debajo de su valor. Los valores maravillosos suelen ser admirados por todos, el mercado sobre actúa y su precio sube sustancialmente por encima de su valor.)

Debido a lo expuesto, nuestra naturaleza exige definir un método para minimizar errores. Propongo los siguientes preceptos:

1.-Tener una regla definida que nos indique a priori que estamos adquiriendo valores a un precio por debajo de su valor intrínseco.

2.-Es necesario operar con suficiente número de valores para hacer efectivo el método, entre 20 y 30 valores sería un número óptimo. Acotar máximos de concentración por sectores y/o países.

3.-La estadística nos apunta que eventualmente el mercado (precio) captura el valor, por este motivo debemos tener una guía concreta para la venta.

Acerca del primer punto, el ratio que nos proporciona una mejor aproximación y una primera selección de valores es el múltiplo del adquirente. En el numerador tenemos el EV (entreprise value) dónde a la capitalización bursátil le restamos la caja y equivalentes y le sumamos las deudas, de esta forma estaríamos pensando como un adquirente que pretende comprar la empresa en su totalidad. En el denominador, el Ebit (beneficio antes de impuestos e intereses), para tener una idea del beneficio recurrente del negocio.

Tanto para construir una cartera con un Múltiplo del Adquirente bajo, como para marcarse unos límites en la venta, la toma de decisiones debe estar basada en la racionalidad de los fundamentales, tratando de alejar las emociones y los sesgos cognitivos.

No considerar la volatilidad como una medida de riesgo, sino como una variable estadística que mide la variación del precio, tampoco utilizar stop-loss, ni derivados, ni coberturas de cartera, ni medidas sofisticadas de medición.

En el estudio de los fundamentales tenemos la certeza de que el mercado no es eficiente en el corto plazo, motivo por el que debemos ser pacientes, mas es esta la razón por la que se encuentran regularmente divergencias entre precio y valor que aportan retornos al vehículo de inversión.

Asimismo, en la determinación de juicios sobre las compañías huir de las proyecciones, de las predicciones y de las expectativas. Tanto las de beneficios, ventas y márgenes como de las macroeconómicas.

Considerar el riesgo como la pérdida permanente de capital y que la mejor manera de reducirlo es adquirir barato mediante el estricto estudio de las compañías.

El objetivo de este método es evitar el peor error de inversión posible que es la sobrevaloración de activos.

Y finalmente tratar de fijar una norma que establezca unos límites dónde es aconsejable vender e imponernos éstos como obligatorios de una forma numérica. El propósito es evitar excesos de valoración, sustituyendo los activos que sobrepasaran estas barreras por otros infravalorados, con mayor potencial y retorno.

“Cuando hay que prestar atención a cosas de este tipo, a los meros incidentes de la superficie, la realidad se desvanece. La verdad interior está escondida, afortunadamente, afortunadamente.” Joseph Conrad