GabrielCobi

Presidente del Colominas Capital Fund, club de inversión

Quiero ser un buitre


Escrito 26 Aug

Los buitres y las demás aves carroñeras, siempre han estado mal vistas por la sociedad y señaladas como pájaros de mal agüero, compañeros de la dama de la guadaña. Es curioso que su labor absolutamente necesaria se haya tachado como algo malo y denunciable, hasta hace bien poco ha sido un ave completamente incomprendida. El hecho de tratar a estos animales como parias es propio de la tradición judío-cristiana de la que bebe toda la civilización europea. Señalada en el antiguo testamento como ave impura y símbolo de la avaricia.

Pues bien, yo quiero ser un buitre. Un buitre dentro del ciclo de vida del capital. Me encantaría ser uno de esos fondos de capital riesgo que se dedican a comprar empresas en suspensión de pagos o directamente quebradas para intentar sacar un rendimiento de ellas al despiezarlas y venderlas por partes.

La mayor parte de las veces serian empresas totalmente inviables y la única opción posible seria desmantelarla, pero otras veces nos podríamos encontrar en un dilema moral entre desmontar y vender a cachitos una empresa o intentar reflotarla. El eterno dilema es, que vale más, ¿Cada porción o la suma de las partes? El límite entre el fracaso o el éxito de un proyecto empresarial es una línea tan fina que casi nunca se puede afirmar que un fondo ha liquidado una empresa teniendo la certeza que esta podría ser rentable y en consecuencia culparle de haber destruido empleo. Hablando del mundo empresarial es completamente imposible determinar si nuestras estimaciones son correctas antes de que los hechos se hayan producido. En ese caso el gestor de turno se moverá en un estadio donde diferentes fuerzas influirán en su dedición: Sus expectativas sobre rendimientos futuros, el apego que le tenga al proyecto en sí, los prejuicios morales sobre sus decisiones, o si se ha levantado con buen pie.

Ante todo esto muchos dirán qué hay que pensar antes en los trabajadores de dichas empresas que en los propietarios de estas. Imaginemos que una empresa intenta mantener su actividad aún siendo consciente que su inviabilidad es total. Lo único que se conseguiría sería engañar a los trabajadores por un corto periodo de tiempo y darles falsas esperanzas de mantener su puesto de trabajo que finalmente terminarían por perder.

Liquidar una empresa quebrada es tan necesario para los propietarios como para los trabajadores. Y es que hacer de buitre es una de las más necesarias funciones dentro del sistema capitalista. Después de la explosión del proceso de expansión crediticia miles de proyectos que se creían rentables salen a la luz como inservibles y quebrados. Es en este momento donde la actividad de los fondos buitres se hace más esencial. Si no se retiran los proyectos fallidos, los activos y el capital de ese proyecto quedan ociosos, sin nadie que pueda usarlos para nuevos proyectos mucho más productivos. Tener capital productivo y capital humano ahogándose en proyectos que no generarán un beneficio es la peor de las situaciones para un sistema competitivo y libre. El capital humano desaprovechado es posiblemente la mayor de las pérdidas que produce la no liquidación de las empresas quebradas.

El esquema actual de patada hacia delante impide el cambio y la mejora de la estructura productiva. Es lo que pasa con la zombificación incentivada por la deuda. Una empresa tiene una estructura de costes superior a lo que puede mantener con su nivel de ingresos. Pero como tiene acceso al crédito con un coste inferior a lo que le costaría la reordenación de su estructura de costes sigue sin adaptarse a su nueva situación y no recorta gastos insostenibles. De esta manera se pierde la fase más importante dentro del capitalismo las pérdidas y consecuente quiebra como señal de no servir correctamente al consumidor.

Pero no son sólo este tipo de fondos los que son atacados en la prensa y desde las tribunas políticas y calificados como buitres. Existen otro tipo de fondos muy determinados qué invierten tan sólo en deuda de países en una mala situación financiera. Su funcionamiento es sencillo: Imaginemos por ejemplo, que Argentina se encuentra en un serio aprieto fiscal y que los tenedores de bonos de por ejemplo el Bono de Estado argentino a 10 años tiene un riesgo de impago importante. Entonces llega un fondo y compra miles de Bonos a 10 años de un valor nominal de 100 dólares a 17 dólares cada uno. Después de adquirir gigantescas cantidades de bonos al descontado el fondo usara largos procesos legales para exigir al gobierno argentino la devolución de la totalidad del Bono, cosa que muchas veces consiguen después de varios años de batallar en los tribunales.

Si yo fuera el  CIO (chief investment officer)  de un fondo de inversión no seguiría esta estrategia porqué me parece poco atractiva (se exponen a un riesgo altísimo), pero quiero resaltar que la considero una estrategia totalmente legítima. Considero a estos fondos una garantía del buen funcionamiento del mercado de capitales internacional. Pelear con los gobiernos del mundo para que cumplan con sus obligaciones me parece una tarea titánica. Lo único que reclaman es un cumplimiento de los contratos a nivel internacional.

Si el gobierno de un país se ha endeudado muy por encima de lo que es capaz de hacer frente es ciertamente un alivio que alguien se preocupe de exigirles sus obligaciones y recordarles que pedir prestado e intentar no devolver el dinero nunca sale gratis. Hay que recordar que después de la suspensión de pagos al gobierno de turno se le cierra totalmente el grifo del crédito. Los recortes necesarios para adaptar la estructura gubernamental acaban haciéndose con hacha y sin miramientos. La estrategia de este tipo de fondos siempre es puesta en duda por multitud de asociaciones que abogan por el impago de la deuda. Se suele argumentar que los malvados inversores se aprovechan de los países más pobres, pero no es así, aplican sus estrategias con los países más endeudados. Si los gobiernos no quieren ser esclavos de la deuda, que actúen con cabeza y recordando que todo lo que se pide prestado algún día tendrá que devolverse.

Quiero ser un buitre porque los fondos que se comportan como tales son los que ayudan aumentar la flexibilidad en la economía, son los que realizan los procesos de adaptación haciendo más corto el periodo de sufrimiento, los que aseguran que se cumplan los contratos y obligaciones ajenas, son los que al fin y al cabo ayudan a que un sistema económico libre funcione bien.


Comentarios