El comercio electrónico en España no tiene freno. Durante el tercer trimestre de 2018 la facturación del ecommerce en nuestro país creció un 29,9% interanual y superó por primera vez la barrera de los 10.000 millones de euros, de acuerdo con los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.

El transporte aéreo, las agencias de viajes o las webs de hoteles y alojamientos han tenido mucho que ver en este incremento de la facturación del comercio electrónico (fueron las actividades que más facturaron), pero también los comercios online de moda, las plataformas de contenidos como Netflix o Spotify y gigantes como Amazon han contribuido al ascenso del ecommerce en España.

Pero esta tendencia no ha llegado sola. Los fraudes informáticos (estafas bancarias y estafas relacionadas con tarjetas de crédito y débito) han aumentado como la espuma: en 2017 se registraron 60.511 ciberdelitos de este tipo, un 122% más que cinco año antes, según el Observatorio Español de Delitos Informáticos.

Para protegernos ante los malhechores que buscan robar los datos de las tarjetas que usamos para realizar nuestras compras virtuales, podemos seguir estos consejos:

  1. Comprar únicamente en páginas webs que parezcan fiables (comprobar el aviso legal del sitio web y los términos y condiciones)
  2. Revisar las opiniones que otros usuarios hayan podido dejar sobre la web
  3. Desconfiar de los precios excesivamente ridículos
  4. Comprobar los canales de atención al cliente que pone a nuestro servicio el comercio virtual (verificar que, como mínimo, hay una dirección de e-mail o un teléfono con el que ponerse en contacto)
  5. Verificar que la página web utiliza un protocolo seguro de transferencia de datos, para que nuestros datos viajen encriptados (la URL de la página web debe comenzar por https y debe haber un pequeño candado antes de esta)

Un consejo extra: usa tarjetas prepago

Además de seguir los consejos anteriores, también podemos ganar seguridad si en lugar de nuestra tarjeta de crédito o débito habitual, usamos una tarjeta prepago. Las ventajas de este tipo de tarjetas son que no están vinculadas a ninguna cuenta corriente o línea de crédito y que se deben cargar antes de usar, por lo que en caso de que alguien las clone, solo podría gastar el dinero que nosotros hubiésemos cargado previamente (para que sean todavía más seguras lo ideal es cargarlas únicamente con el importe que se vaya a gastar y mantenerlas siempre descargadas cuando no se usen).

Además, hoy en día es posible contratar tarjetas prepago vuirtuales, es decir, sin soporte físico, por lo que evitaremos tener una tarjeta más en nustra cartera y no habrá riesgo de perderla.

Las tarjetas virtuales están integradas en las aplicaciones, wallets y sitios webs de los bancos y entidades de dinero electrónico y pueden gestionarse cómodamente desde el móvil, la tablet o el ordenador. Para usarlas, basta con acceder a la app o la banca electrónica y consultar los datos del plástico: número, fecha de caducidad y CVV. Con esa información podremos comprar en cualquier comercio electrónico.

Algunas entidades comercializan este tipo de tarjetas gratis, mientras que otras cobran comisiones de emisión o de mantenimiento o bien penalizan cada recarga. La Tarjeta Virtual de BBVA, la tarjeta eCard de Openbank y la eCash de Banco Santander están exentas de cuotas anuales (la del Santander es gratis siempre y cuando se realicen al menos tres compras al año). Ninguna de las tres tarjetas prepago cobra comisiones por recargas y pueden gestionarse fácilmente por las apps de cada entidad, la banca online y los cajeros.