El código IBAN de una cuenta corriente es como su DNI, es único y sirve para identificarla. De ahí que muchos usuarios consideren peligroso que otras personas tenga el número de una de sus cuentas corrientes y son reacios a compartirlo. Sin embargo, lo cierto es que los riesgos de compartir dicho código no son tantos. De hecho, disponer del número de cuenta de un tercero sirve, básicamente, para ingresarle dinero.

Compartir el código identificativo de una cuenta corriente es bastante habitual, aunque siempre tendamos a darlo con cierto recelo. Por ejemplo, a veces lo compartimos para que un amigo nos haga una transferencia o si realizamos una venta por Internet, para que un tercero nos abone el montante de la compra. Los autónomos también suelen compartirlo para que sus clientes abonen las facturas. Y en las bodas, es habitual que los novios se lo hagan llegar a sus invitados para que les ingresen si quieren cierta cantidad en concepto de regalo.

Como podemos comprobar en todos los casos anteriores, cuando se comparte el número de una cuenta corriente el objetivo siempre es que alguien haga un ingreso en dicha cuenta.

El dinero de la cuenta no se puede tocar

Debemos tener claro que nadie podrá sacar dinero de nuestra cuenta ni mover los fondos a otra distinta únicamente con ese número, sino que tendrá que acreditar que es el titular, ya sea con un DNI si se persona en una oficina o superando los distintos niveles de autenticación que tienen las plataformas de banca a distancia (nombre de usuario, contraseña, tarjetas de coordenadas, etc.), afirman desde el comparador de cuentas y productos de ahorro HelpMyCash.com. Es decir, que esquilmar una cuenta conociendo únicamente su número no es posible.

Entonces, ¿no hay ningún peligro?

Lo cierto es que, a pesar de que compartir el CCC de una cuenta corriente no debería ser peligroso (nada que ver con dar los datos a un tercero de una tarjeta, que sí conlleva muchos riesgos), hay una posibilidad que no hay que pasar por alto: que alguien contrate un servicio y domicilie el recibo en nuestra cuenta. Si la contratación se hace a distancia y se dispone del DNI del titular de la cuenta, se podría llegar a domiciliar el pago de algún servicio como, por ejemplo, una suscripción a una revista, la factura de la luz o la matrícula de un curso.

Pero, incluso, si tal cosa llegase a suceder, tenemos margen de actuación. En el caso de que se produzca un pago no autorizado, podemos devolver el recibo. La normativa actual establece un plazo de ocho semanas para devolver un recibo si el cargo estaba autorizado, pero si el titular de la cuenta no ha dado su consentimiento para que se ejecute el adeudo, el plazo para ordenar la devolución se extiende hasta 13 meses.

En resumen:

  • Si no hay una orden del cliente autorizando el cargo de un recibo, el plazo de devolución es de 13 meses.
  • Si el cargo está autorizado, el plazo es de 8 semanas.

Una vez ordenada la devolución del recibo, el banco tendrá diez días para devolver el dinero al cliente o para informarle de que su solicitud ha sido denegada.