Los españoles gastaremos de media durante las rebajas de invierno alrededor de 97 euros en ropa y complementos, según un estudio elaborado por Fintonic. Un desembolso que llega en una época especialmente delicada y que convierte a la cuesta de enero en una senda todavía más empinada. Este año ha subido el precio del gas natural, de los peajes y de los sellos. Algunas compañías de telecomunicaciones también han incrementado el coste de sus servicios de telefonía e Internet. Y justo hoy, martes 16 de enero, la bombona de butano se encarece un 1,6 %.

Ante tal escenario, son muchos los que se plantean usar la tarjeta de crédito para aligerar la inclinación de la cuesta de enero, sobre todo a la hora de hacer sus compras. Pero, mientras que en el momento de abonar todo son facilidades, el peligro llega después, cuando se tiene que devolver el saldo dispuesto de la línea de crédito. En ese momento, las rebajas pueden convertirse en un quebradero de cabeza. Además, al pagar con un plástico en lugar de en efectivo, podemos perder la cuenta de lo que hemos gastado y que el presupuesto se nos dispare.

Cuidado con las cuotas demasiado bajas

El principal peligro que tienen las tarjetas de crédito no son solo los intereses que generan a favor del banco y que encarecen la deuda (suelen ser del 21 % TIN de media), sino que a veces el titular desconoce la modalidad de pago que lleva su plástico por defecto. Y, a la hora de saldar cuentas, se encuentra con que está pagando el mínimo mensual, por lo que tras varios meses devolviendo dinero, aún le queda muchísimo por pagar. Desde HelpMyCash.com lo hemos avisado muchas veces: no solo el tipo de interés encarece las deudas contraídas con una tarjeta de crédito, sino también el plazo y a esta variable afecta mucho la modalidad de pago.

Un ejemplo práctico. Imaginemos que hemos adquirido una deuda de mil euros mediante una tarjeta de crédito, que tiene un tipo de interés del 21 %. Si abonamos una cuota de 30 euros mensuales (aún es posible pagar cuotas más bajas), tardaríamos más de cuatro años en pagar lo que debemos y los intereses superarían los 500 euros. Por el contrario, si escogemos una cuota mucho más alta que la que pueda venir por defecto, por ejemplo de 200 euros, en apenas seis meses habríamos pagado la factura y el coste de la financiación sería de unos 56 euros.

De ASNEF a los tribunales

Las consecuencias de no hacer frente en tiempo y forma a las cuotas de una tarjeta de crédito no son baratas. Para empezar, los intereses de demora se irán acumulando y el banco nos cargará comisiones por reclamación de posiciones deudoras. Además, podrá incluir nuestro nombre en un fichero de morosos, lo que nos dejará automáticamente fuera del circuito oficial del crédito. Si pasan los meses y no cumplimos nuestras obligaciones para con el banco, podríamos acabar viéndonoslas delante de un juez y con un embargo sobre nuestra cuenta o nuestra nómina (o sobre cualquier bien).

La clave, pues, está en prever. Si somos capaces de elaborar un presupuesto, ajustarnos a él y pronosticar, de forma realista en base a nuestros ingresos y gastos regulares, qué cuota podríamos pagar cada mes, las tarjetas de crédito nos pueden sacar del apuro. Incluso nos pueden salir a cuenta si los intereses que abonamos son inferiores al descuento que hemos conseguido en las rebajas. Eso sí, debemos ajustar el plazo lo máximo posible, para que el coste de la financiación sea reducido.

Un ejemplo para terminar. Si en período de rebajas adquirimos un televisor por un precio de 500 euros que en cualquier otro momento valdría 650, pagamos con una tarjeta de crédito con un interés del 21 % y fraccionamos el pago durante seis meses, los intereses serían de 31 euros, por lo que a pesar de habernos endeudado, habríamos aprovechado el descuento y los intereses no superarían el beneficio de la rebaja.