Hace justo 17 años, el  20 de noviembre de 1998 el diario  Expansión publicaba un artículo del  International Herald Tribune titulado  Los precios del petróleo no han tocado fondo. El barril (159 litros) de Brent estaba entonces a 11,69 $, tras haberse desplomado un 18% en mes y medio.

En el artículo el  Departamento de Energía de Estados Unidos predecía que “la crisis asiática mantendrá deprimidos los precios durante, al menos, una década, al reducir la demanda de la que hasta ahora ha sido la región de más rápido crecimiento del mundo“.

Un analista hablaba de la posibilidad de que el precio cayera a los  5 $ por barril porque “las presiones financieras impedirán a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) reducir lo bastante la producción de crudo como para eliminar las masivas reservas ahora en manos de la industria“. 

El  2 de febrero de 1999, el diario  El País publicaba otro artículo bajo el título  El petróleo no levantará cabeza en el que se recogían las opiniones de los analistas del sector sobre el futuro del petróleo. Estos coincidían en que “las mejoras productivas y la estrategia de Arabia Saudí aseguran un suministro barato durante los próximos años“.

La  transformación tecnológica era uno de los factores clave que había hecho bajar los precios y que según las previsiones iba a mantenerlos bajos:

«Desde principios de los años ochenta, las mejoras tecnológicas han abaratado los procesos de extracción del crudo. Pierre Terzian [presidente de Petrostratégies] apunta cinco: Las perforaciones horizontales, los avances en la utilización de las técnicas sísmicas, la recuperación asistida, los avances en la perforación submarina y las posibilidades de utilizar crudos pesados. (…)

Asimismo, ahora es posible extraer crudo en el mar a profundidades cercanas a los 2.000 metros, contra apenas 200 o 300 hace unos años. La tendencia es poder hacerlo hasta un máximo de 3 .000 metros. Finalmente, nuevas técnicas de refinado permiten procesar crudos pesados aprovechando las refinerías para crudos ligeros a precios competitivos. Este último hecho, señala Terzian, “duplicaría las reservas de países como Venezuela”. Todas estas técnicas han producido un doble efecto. En primer lugar, las reservas mundiales de crudo suponen ya 40 años de consumo anual. Por otro, además de rebajar el coste de producción, definen un futuro dominado por un importante incremento de la oferta de petróleo.»

Otro grupo de explicaciones era de carácter  político-económico:

«La estrategia de la monarquía saudí, según los analistas, está presidida por su interés en mantener el petróleo como recurso energético principal de la economía mundial y conservar su papel como principal suministrador. Arabia Saudí puede sostener una política de precios bajos, según Marjolaine Cour, economista del banco francés BNP, gracias “a sus numerosos activos financieros colocados en el exterior y por su fácil acceso al mercado internacional de deuda”.

Hasta la crisis asiática del verano de 1997, la posición relativa de Arabia Saudí en el mercado exportador de petróleo estuvo empeorando, hasta el punto de que países como Venezuela o Canadá le superaron como primeros vendedores de crudo a Estados Unidos. La respuesta del principal país del Golfo fue incrementar drásticamente la producción justo cuando crisis asiática redujo la demanda en unos 400.000 barriles diarios.»

Unas semanas después, el  25 de marzo de 1999, el mismo diario publicaba:  El precio internacional del petróleo se estabiliza en torno a 14 dólares. En mes y medio la materia prima había subido un 16%. Un año más tarde, el precio alcanzó los 27 $ y en noviembre de 2000, los 32 $. En diciembre de 2001 bajó a los 18 $ pero a partir de ese momento inició una escalada hasta superar los 130 $ en julio de 2008.  En diciembre de ese mismo año, el precio se había desplomado a 41 $ pero en abril de 2011 volvió a los 125 $. En mayo de 2011 hubo una corrección hasta los 105 $ y Goldman Sachs dijo que no habría más caídas. Hoy el Brent está a 46 $ el barril.

Los análisis de 1999 fueron correctos, pues detectaron tendencias que hoy en día son una realidad. Sin embargo, no acertaron con los precios. Esto debe recordarnos que  si bien es posible predecir tendencias, los precios son siempre la variable más imprevisible.