Bitcoin es uno de los temas del momento, llevamos meses comentando el futuro de esta nueva divisa virtual creada en el 2008 por un programador (o grupo de programadores) bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto.

Desde JP Morgan en una nota publicada esta semana, califican el nacimiento de Bitcoin como el acontecimiento más atrevido en el mercado de divisas desde la creación del Euro en 1999. Esto se debe a que, a diferencia de cualquier otra divisa puesta en circulación, no cuenta con el respaldo de ningún organismo soberano o supranacional sino que es creada mediante un algoritmo y una red de programadores; es virtual y no física; y circula directamente entre esta red de programadores, consumidores y empresas sin contar con el tradicional respaldo de un banco central.

Repasando las tres funciones que tradicionalmente han caracterizado al dinero: medio de pago comúnmente aceptado, unidad de cuenta para comparar el valor de los bienes y depósito de valor o conservación de riqueza; Bitcoin intenta reemplazar las divisas tradicionales pero sin las desventajas que supone la creación de divisa por los bancos centrales: inflación, depreciación, controles de capital, exceso de intermediación…

Sin profundizar demasiado en el funcionamiento de Bitcoin, sus principales ventajas residen en un crecimiento predecible y pausado de la oferta monetaria (con cierto riesgo deflacionista), la eliminación del riesgo de controles de capital ya que no existe ninguna autoridad monetaria en el sistema, la eliminación del fraude al existir sistemas de encriptación y algoritmos que verifican la existencia de los fondos y la eliminación, o al menos reducción de forma significativa, de los costes de transacción al realizar pagos que entidades como Paypal, Mastercard o Visa cobran por las transacciones electrónicas.

Sin embargo, este sistema cuenta con notables deficiencias: como medio de pago no es mejor ni peor que cualquier otro tipo de divisa en cuanto sea aceptada por los participantes del mercado. Donde falla es en las otras dos funciones del dinero: al ser un instrumento excesivamente volátil (volatilidad media del 120% los últimos tres años, con un rango desde el 50% al 400%) frente a las divisas del G-20 (8% con un rango del 7% al 16%) hacen imposible considerar a Bitcoin como una unidad de cuenta o depósito de valor verdaderamente útil. Por otro lado, todavía es demasiado poco líquida ($8.5billion emitidos frente a los $1.2trillion que circulan diariamente del dólar norteamericano).

Con este panorama las compañías se enfrentan al dilema de aceptar Bitcoin en sus transacciones, lo que puede ser favorable para su imagen como empresa innovadora y la reducción de costes de intermediarios; frente a la dificultad de gestionar la caja y el riesgo por su volatilidad e iliquidez.

 

¿Aprovecharíais el reciente ajuste en su cambio por el dólar para diversificar una parte de vuestras carteras?