Josep Prats Orriols

(JPrats)

Gestor de Abante European Quality

Madrid. Madrid. ESPAÑA.

Comparaciones


Escrito 3 Jun

3 de junio de 2016

El referéndum británico da juego para muchas reflexiones. Les adjunto un cuadro, publicado por Financial Times, a partir de una encuesta realizada a más de 16.000 personas, en la que se analiza el distinto perfil sociológico de los favorables y contrarios a la permanencia en Europa. Las barras del gráfico muestran el diferencial, sobre una base 100, entre un colectivo y otro. Las barras azules muestran un mayor número de partidarios del sí frente al no, y las rojas lo contrario. Por ejemplo, entre los graduates (personas con titulación universitaria), la barra es azul y alcanza 40 puntos. Significa que hay un 70% de partidarios de permanecer en Europa frente a un 30% que prefieren abandonar (40 puntos de diferencia de unos frente a otros). Por contra, entre el colectivo definido como highest qualifications GCSE or lower, es decir, aquellos que no han llegado a completar la educación secundaria, la barra es roja y alcanza 30 puntos, lo que significa que hay un 65% de partidarios de abandonar Europa por un 35% que prefieren seguir en ella. 

Miren el resto de grupos sociológicos ( AB social class es la clase alta y media alta, y DE social class es la clase media-baja y baja), o los peridódicos que leen, o los grupos de edad, y verán que las conclusiones que les apuntaba en mi anterior post, sin haber visto este gráfico, son claras. Los grupos azules son partidarios del remain y los rojos del  leave. Cuanto más jóvenes, educados, cultos, ricos y urbanos, más proeuropeos. Y viceversa. Con algunos matices como el nacionalismo escocés, o un ala antieuropeísta del Partido Conservador, que sesgan el voto hacia el  remain, y el leave respectivamente en ambos colectivos hacia opciones que no responden estrictamente a edad, posición social, educación o renta.

Las comparaciones son odiosas, entre grupos sociales y entre países. Son simples, eliminan muchos matices, y pueden ser injustas y demagógicas. Pero a veces son inevitables. En respuesta a algunos comentarios de mi anterior post hacía alguna referencia a la dificultad de comparar el Reino Unido con otros países europeos, muy prósperos, que no pertenecen a la Unión Europea. Pensar que a Noruega y Suiza les van mejor las cosas por estar fuera de la UE, y que si el Reino Unido decidiera abandonarla podría ver como su economía se equipara a la de esos dos pequeños y prósperos países es, en mi opinión, un juicio poco acertado.

Así resumía mi postura:

N oruega exporta cada año gas y petróleo por un valor de 50.000 millones de euros. Divídanlo por los 5 millones de habitantes del país y ya ven que, por esta vía, toca a 10.000 euros por cabeza, 40.000 euros por hogar de cuatro miembros. Esto es un regalo si no del cielo, sí del suelo. La luz, además, no les cuesta nada, se produce toda con energía hidráulica (no les falta agua, porque abunda el hielo). Ello les permite, por ejemplo, ser altamente competitivos en la producción de metales, como el aluminio, cuyo principal coste es la energía eléctrica. El clima, y las normas, lo convierten en un destino poco atractivo para la atracción de inmigración, por lo que no se ven en la necesidad de repartir las inmensas riquezas que les da la naturaleza con nadie. En el Reino Unido, con una población doce veces superior, todas estas ventajas competitivas no existen. No pueden vivir de las rentas de la naturaleza como los noruegos.

Si el oro negro es el principal responsable de la riqueza noruega, otro variedad de oro negro no es ajena a buena parte de la riqueza de Suiza, destino preferido de los mayores ahorradores discretos del mundo. Aunque en este caso hay que resaltar que es un país que ,además de la formidable contribución que le aporta el sector financiero, cuenta con excelentes compañías, líderes globales en sectores como el alimenticio o farmacéutico. Su tradicional neutralidad y  discreción le ha conferido las sedes de muchas organizaciones internacionales, y de muchas grandes compañías. En fin, todos sabemos que se trata de un caso muy, pero que muy especial. No solo en Europa, sino en todo el mundo. Mucha riqueza para repartir, también, entre un número reducido de habitantes, apenas ocho millones. 

Creo, sinceramente, que al Reino Unido le conviene estar en Europa. 

Josep

 

 

 

 

 

 


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