13 de junio de 2014

Esta mañana he estado en Capital Radio hablando sobre temas de actualidad en los mercados. Y ha salido a debate, a raíz de unas declaraciones del primer ministro británico, David Cameron, un tema por el que, francamente, nunca he tenido especial interés y del que conozco bien poco. Cameron ha anunciado que el tesoro británico emitirá por vez primera en su historia un bono, por un importe de 200 millones de libras, de acuerdo con los requisitos de la ley islámica: un sukuk.

Aunque el importe de la emisión sea, en términos cuantitativos, misérrimo (en promedio, cada día del año el tesoro británico emite más del triple de  dicha cantidad), se le ha querido dar una importancia cualitativa. Con esta emisión Londres manifiesta su apuesta por no dejar a Dubai como única plaza financiera relevante en el mercado de bonos islámicos.

El sukuk es un bono que tiene que adaptarse a las exigencias de la ley islámica. La más curiosa, tratándose de un bono, es que dicha ley no permite percibir intereses por los préstamos. Pero, como la mente criminal nunca descansa aquí también acaba por triunfar el principio de "hecha la ley hecha la trampa". Evidentemente, el que presta el dinero espera recibir algo a cambio y, ya que no son intereses, serán participaciones en ingresos que produzcan determinados activos. Por ejemplo, yo emito un sukuk cuyos tenedores recibirán una parte de las rentas por alquiler que se obtengan de un inmueble que he comprado con el dinero que he captado al colocar el sukuk entre los inversores. Podríamos decir así que mis prestamistas no son estrictamente prestamistas, sino socios. Como el portugués que hablaba en prosa sin saberlo, nuestros expertos occidentales en financiación de proyectos o capital riesgo, han estado emitiendo sukuks bautizándolos con otros nombres, la mayoría en inglés y algún que otro en español, como préstamo participativo.

Si quieren encontrar un auténtico sukuk, un préstamo sin intereses, no busquen en Oriente Medio. Lo pueden hallar mucho más cerca, en Alemania. El tesoro alemán lleva emitiendo, y colocando con éxito de público y crítica no un par de centenares de millones, sino muchos centenares de millardos, de productos que cumplen con el precepto islámico de no pagar intereses. El producto se llama bund, y ofrece rentabilidades reales no solo nulas, sino negativas.

Josep